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Viernes 10 Julio, 2020  Edición Nº1712

Bolivia: la dictadura y el saqueo contrarreloj

Por Héctor Bernardo

Casi al mismo tiempo que se anunciaron las próximas elecciones presidenciales, se desató el escándalo que involucra al ministro Arturo Murillo en la compra de gases lacrimógenos con sobreprecio y que puso al descubierto el vínculo de la dictadura de Jeanine Áñez con Brayan Samuel Berkman, denunciado internacionalmente por tráfico de armas.

El crimen organizado toma cada vez más peso dentro de un gobierno de facto que apuesta a la represión, mientras prepara la huida y deja tierra arrasada.

El gobierno de facto de Jeanine Áñez anunció que las elecciones presidenciales se realizarán el 6 de septiembre. Los golpistas habían suspendido la primer fecha electoral, pautada para el 3 de mayo pasado, con la excusa del combate al COVID-19.

A pesar de la brutal persecución política y mediática en su contra, el Movimiento al Socialismo (MAS) se consolida como la principal fuerza política. La fórmula encabezada por Luis Arce y David Choqueguanca (apoyada por el expresidente Evo Morales) sigue al frente en todas las encuestas.

La dictadura y sus socios buscan, casi con desesperación, cualquier excusa que les permita invalidar la fórmula del MAS y proscribir ese espacio político. Pero son conscientes de que ese nuevo acto provocará la reacción popular, a lo que el gobierno de facto solo sabe responder con represión.

«Para todo dictador que no vacila en disparar contra su propio pueblo, el problema más difícil que determina la suerte futura de su poder se resume en la siguiente pregunta: Si ordeno esta vez abrir fuego, ¿prolongará la sangre derramada mi poder soberano, o le pondrá fin definitivamente?», aseguraba el periodista Ryszard Kapuscinski en su libro El emperador.

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