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Domingo 31 Mayo, 2020  Edición Nº1672

Davos, Stiglitz, Keynes y la deuda

Por * Carlos Ceballos

En notas anteriores en estas páginas nos referíamos a los análisis sobre el Capitalismo actual en el mundo de economistas como Picketty (EL Capital del siglo XXI, un libro de 800 páginas), También mencionábamos a Yvon Chouinard el dueño de la firma Patagonia quien planteaba “Reinventar el capitalismo”. Y Branko Milanovic “El capitalismo lleva a que haya un montón de gente pobre y muy poca gente extremadamente rica. Va a haber otra inmensa recesión y todo el mundo va a perder con sus acciones. Es un sistema que tiene que cambiar”.

Picketty de vista en Argentina escribe en “El Capital en el siglo XXI” que “la desigualdad es creciente e inherente al sistema capitalista porque la tasa de retorno del capital crece más que la de los ingresos, lo cual provoca que el primero crezca proporcionalmente por sobre los salarios.” El Nobel Paul Krugman dijo que el libro de Picketty es excelente y afirmó que Trump empeoró la tendencia porque bajó los impuestos a los más ricos.

Dichos economistas bucean en las teorías económicas clásicas y en el repaso de la historia económica del capitalismo del siglo XX de la postguerra y el colapso del sistema económico de la URSS y la Europa Oriental, a la luz de la actual situación del capitalismo global.

En nuestro país se aprecia una abundancia de nuevos economistas que desfilan cada día por todos los canales de televisión y en largos análisis en los grandes diarios de todas las tendencias, liberales, neoliberales y nacionales/populares.

El debate sobre el pago de la deuda externa con el FMI y la interna con los grupos financieros locales y externos ocupa la atención desde el inicio del debate en el Congreso, donde predomina el cómo y el cuándo pagar una deuda gigantesca careciendo de los recursos para pagar. Así, el debate transcurre sobre el origen de la deuda, cuánto dejó el gobierno del 2011/2015 y cuánto creció en los cuatro años del gobierno anterior.

El debate entre el frente de gobierno y la oposición del frente neoliberal está recorrido por la brecha o la “grieta” política que parece profundizarse al extenderse al ámbito judicial por las causas de corrupción iniciadas y que abarcan a funcionarios de los últimos dos gobiernos.

La guerrilla política desnuda situaciones de los últimos ocho años antes de la instalación del gobierno actual.
Pero en el plano económico lo “nuevo” radica en la concepción ideológica del actual gobierno que con distintos matices abarca al heterogéneo Frente de Todos.

Es necesario entonces repasar la base teórica de los funcionarios del área económica del gobierno, encabezada por el ministro de Economía Guzmán, quien abreva, como lo ha señalado, en la concepción del economista Joseph Stiglitz y un conjunto de funcionarios del equipo económico nacional y del equipo de Axel Kicillof con respecto al famoso Maynard Keynes.

En una nota extensa en Clarín Económico del 16 de febrero Stighlitz realiza una crítica al modelo capitalista que se expresaba en “las élites empresarias y políticas del mundo en Davos”.

“La raíz del problema del actual capitalismo –dice- es la fe excesiva (sic) del neoliberalismo en los mercados”, y expresa el “desencanto con el modelo norteamericano cada vez más dominante de empresas que priorizan a los accionistas y maximizan los beneficios”.

En resumen dice: “el capitalismo desenfrenado ha jugado un papel central en la creación de múltiples crisis que hoy enfrenta nuestras sociedades. Si el capitalismo ha de funcionar –si ha de abordar estas crisis y servir a la sociedad- no puede hacerlo en su forma actual- tiene que existir un nuevo tipo de capitalismo –que yo he dado en llamar capitalismo progresivo – que implique un mejor equilibrio de gobierno, mercados y sociedad civil.”

¿Será esta la base teórica que radica en nuestros economistas del Gobierno?
Será suficiente para “cruzar el Rubicón” y recuperar la “Roma” de la impagable deuda con “bonistas” y FMI? Sería bueno si estamos preparados para una larga lucha como la que César terminó con Pompeyo.

Dejemos las analogías históricas del Imperio romano y mejor busquemos en las consecuencias del 2001 con el megacanje de Cavallo-De la Rúa o del endeudamiento de Cavallo-Menem de 1998.

La relación con Maynard Keynes es más accesible. Luego de las consecuencias de Versalles que el famoso teórico previó junto con Gallbright, Keynes fue el teórico del manejo de todas las variables financieras, de la renta, el salario, etc. de la economía desde el Estado, que se combinan para la solución de los desequilibrios fiscales que abrumaron a los países europeos de la postguerra, claro que con la gigantesca ayuda de capitales de los Estados Unidos, para la reconstrucción industrial.

Sin embargo ninguna de estas apreciaciones críticas sobre la marcha del Capitalismo siglo XXI le caben a los Estados Unidos según la opinión del mayor y más informado analista internacional argentino, Jorge Castro.

El sostiene que el proceso virtuoso que se viene desarrollando desde hace tres años, “se está acelerando” este año y menciona la incorporación de la fuerza laboral que ya alcanza al 64% de la población adulta y los mayores beneficiados son los trabajadores industriales, que aumentaron un 3,5% en el año 2019 un record histórico porque “los salarios crecen por encima del ingreso per cápita”.

El crecimiento económico –afirma Castro- se basa en la industria productora de bienes de minería, construcción, manufactura, creando empleo en la industria norteamericana (15% del PBI y 11% en la manufactura superando al sector servicios).

También señala que EE.UU. “atrajo más de U$S 300.000 millones de inversiones especialmente centradas en emprendimientos de manufactura energo intensiva, en lo que fue el comienzo de la reindustrialización estadounidense” destaca.

Contrariamente a todas sus apreciaciones sobre la “economía intangible” que viene desarrollando, se explaya esta vez por el crecimiento en la manufactura energo intensiva.

No menciona lo señalado por Trump en su discurso a la Nación del 4 de febrero pasado cuando anunció el monto del presupuesto de la Defensa: U$S 2.2 billones el año pasado.

Tampoco las remesas de cientos de grandes empresas norteamericanas radicadas en el exterior, como en nuestro país, incluyendo obviamente los Fondos de Inversión de Estados Unidos, los famosos “Bonistas” que forman parte de la deuda interna que generaron los gobiernos de las últimas décadas.

Le restó señalar a Castro la industria de guerra que como dijo Trump, “lo hacemos aquí”.

El despliegue militar de los Estados Unidos alcanza y rodea todos los mares y en Argentina realizamos ahora unos ejercicios militares con 3.500 marines norteamericanos.

Si de la economía se trata, es tiempo que los economistas de todo el mundo se empeñen en analizar las inversiones y los alcances del lavado de dinero proveniente del narcotráfico que tiene a los Estados Unidos en el podio del consumo mundial.

*Editor de la revista Informe Frutihortícola