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Jueves 9 Abril, 2020  Edición Nº1620

Chile camina al plebiscito, entre protestas y represión

Por Héctor Bernardo

El 26 de abril, el pueblo chileno decidirá si se realiza una reforma constitucional. La actual Carta Magna fue creada en plena dictadura. A principios de marzo se reactivaron las protestas populares y el presidente Piñera amenazó con volver a declarar el Estado de excepción. Mientras el modelo neoliberal cruje, la brutalidad del aparato represivo aumenta. Amnistía Internacional aseguró que el accionar del gobierno ha generado «la peor crisis de derechos humanos desde la dictadura de Augusto Pinochet».

Marzo y abril serán meses decisivos para el futuro del pueblo chileno. Por un lado, masivas protestas populares que intentarán poner fin a un modelo que convirtió a Chile en uno de los países más desiguales del mundo. Por otro, el brutal accionar de las fuerzas represivas comandadas por un gobierno dispuestos a sostener –a sangre y fuego– la actual estructura económica, política y social.

El 26 de abril se realizará el plebiscito que definirá si Chile inicia un proceso de reforma constitucional o si continúa con la Carta Magna creada en 1980, en plena dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

El golpe de Estado contra Salvador Allende (11 de septiembre de 1973) fue una bisagra para Chile y para toda la región. Fue promovido y financiado por el Departamento de Estado de Estados Unidos, dirigido por Henry Kissinger, contó con la participación directa de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana y el apoyo de las élites económicas locales. Desde ese momento se instaló en el país un régimen de terror.

La sangrienta dictadura persiguió, secuestró y asesinó a la dirigencia gremial y política para crear las condiciones que permitiesen instalar en ese país el primer experimento neoliberal de la región.

Las políticas económicas impulsadas por Milton Friedman y los Chicago Boys dejaron a las amplias mayorías del pueblo chileno sin acceso a derechos básicos como educación y salud. El «modelo chileno» alabado en todos los foros de la derecha internacional convirtió a Chile –según datos del Banco Mundial– en uno de los países más desiguales del mundo. Se consolidó políticamente con la implantación de una nueva Constitución (1980), creada a imagen y semejanza de los intereses de las grandes corporaciones, las fuerzas represivas y del Departamento de Estado de Estados Unidos.

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