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Miércoles 19 Febrero, 2020  Edición Nº1570

América Latina 2019: avances y retrocesos en un territorio en disputa

En Chile, Colombia y Ecuador, el pueblo se levantó contra el neoliberalismo; en Bolivia, la derecha dio un golpe de Estado; en Argentina, el campo popular recuperó el gobierno y en Uruguay Lacalle Pou se impuso en el balotaje.

En Perú, Vizcarra cerró el Congreso, en Venezuela, Maduro asumió su segundo mandato y Guaidó se autoproclamó «presidente». En Paraguay, Abdo Benítez estuvo al borde del juicio político; en Brasil, Lula recuperó su libertad; y en Cuba aprobaron la Reforma Constitucional.

Durante 2019, en América Latina se pudo apreciar, con una claridad inusitada, la lucha entre dos modelos económicos, políticos y sociales: por un lado, el modelo neoliberal impulsado por las oligarquías locales, en alianza con los sectores internacionales del capital financiero especulativo, el Departamento de Estado norteamericano, los grandes conglomerados multinacionales y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Por otro lado, los proyectos populares (en todas sus variantes) que buscan la reindustrialización, la recuperación de los derechos de sus trabajadores, la defensa de la soberanía y la reconstrucción de los espacios de integración regional.

Como un breve y rápido repaso sobre los hechos más trascendentes acontecidos en la política regional durante el año que se acaba de terminar, se puede marcar lo que sigue.

El 1° de enero de 2019, mientras en Cuba se festejaban los sesenta años del triunfo de la revolución socialista, en Brasil asumía el gobierno el ultraderechista Jair Bolsonaro, que rápidamente expulsaría a los médicos cubanos que llevaban una tarea loable prestando servicios en los rincones más humildes y postergados del gigante suramericano.

En el plano internacional, Bolsonaro se alineó de inmediato con los intereses de Estados Unidos e Israel, y en el plano local realizó una reforma de pensiones que terminó de profundizar el camino iniciado por el golpista Michel Temer al destruir el poder adquisitivo y los derechos de los sectores más vulnerables. El nuevo mandatario brasilero desfinanció la educación e impulsó un programa de privatizaciones y entrega de los recursos soberanos de su país.

Pocos días después, el 10 de ese mismo mes, Nicolás Maduro asumió su segundo mandato como presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Dos semanas más tarde, el 23 de enero, el diputado Juan Guaidó (con el mandato de Washington) se autoproclamó en una plaza pública «presidente encargado» de ese país.

Tras un mes de su ficticio mandato (ya que no controla el territorio ni las instituciones y la mayoría de los países no reconocen su autoproclamación), el 23 de febrero, con la excusa de llevar «ayuda humanitaria», Guaidó intentó hacer ingresar por la fuerza, desde Colombia a Venezuela, una serie de camiones (que luego se comprobó que en lugar de alimentos y medicamentos llevaban máscaras de gas y herramientas para los grupos violentos que actúan contra el gobierno).

En ese accionar golpista fue acompañado por miembros del Grupo de Lima (espacio al que no se le conoce otra finalidad que agredir sistemáticamente al gobierno venezolano).

Entre quienes acompañaron al autoproclamado «presidente» en este nuevo acto de agresión impulsado por Washington se encontraban los mandatarios de Colombia, Iván Duque, de Chile, Sebastián Piñera, y de Paraguay, Mario Abdo Benítez.

También estaban presentes dos personajes siniestros: Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), uno de los principales alfiles de Estados Unidos para su política de recolonización de la región (que luego cumpliría un rol fundamental en el golpe de Estado en Bolivia contra Evo Morales), y Marco Rubio, senador norteamericano ultraderechista del Partido Republicano con vínculos con los grupos terroristas radicados en Miami. Pero los planes de la derecha se vieron frustrados y los camiones no pudieron ingresar.

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