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Miércoles 19 Febrero, 2020  Edición Nº1570

Por qué fallaron la economía y los economistas de Macri

El presidente saliente llegó al gobierno con una idea fija: ponerle fin al cepo. Del “¡Conmigo los dólares van a sobrar!” al “¿Qué dice el FMI? Que lo ponga por escrito y se haga cargo”, ¿qué pasó en estos cuatro años? ¿Cómo tomó decisiones y a quiénes desoyó? Ezequiel Burgo reconstruye el mapa de economistas, políticos y técnicos que diseñaron el plan que atravesó su gestión y se transformó en capricho y fracaso.

– Si yo digo que se sale del cepo en un día es un día, ¿me entienden?

Mauricio Macri alzó su voz antes de probar el café. Era candidato a Presidente y tenía una promesa en marcha: dejar de un día para el otro las restricciones a la compra y venta de dólares. Se lo vio molesto en el desayuno junto a su gabinete de la Ciudad, allá por marzo de 2015. Uno de los economistas que trabajaba con él lo había retado el día anterior. “Fue sólo un título lo de Macri, ¿vos sabés lo que se requiere para cambiar un desorden de doce años?”, dijo Carlos Melconian en una radio sobre la promesa de que los argentinos volvieran a comprar dólares libremente, una práctica que no se podía hacer desde 2011.

– ¡Conmigo los dólares van a sobrar! – insistió Macri, ahora con el tono elevado.

Lo recuerdan varios de los presentes esa mañana como Gabriela Michetti, Esteban Bullrich, Guillermo Dietrich, Francisco Cabrera.

Hoy, cuatro años después, en la Rosada se lamentan de aquellas dos frases de Macri (“Si yo digo que se sale del cepo en un día es un día” y “¡conmigo los dólares van a sobrar!”). En definitiva, su gobierno empezó y terminó con un cepo.

Muchos economistas que integraron su equipo, como Federico Sturzenegger, Alfonso Prat-Gay y Carlos Melconian, le echan responsabilidades a Marcos Peña y al propio Presidente por el mal desempeño económico. En la Rosada, en cambio, tienen en la mira a los economistas –tanto los de sus equipos como los del Fondo Monetario-. “Nos apresuramos a salir del cepo y luego nos demoramos en volver a ponerlo”, dicen.

Desde que era jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Macri empezó a tejer un entramado de técnicos y diagnósticos de economistas. “De economía se ocupa Melco”, había ordenado a la vuelta de un viaje por Londres en 2010, en el que Pancho Cabrera lo convenció de alentar la formación de un think tank que sería la Fundación Pensar. “Macri me hizo hacer la colimba en la Fundación Pensar”, recuerda Melconian.

La oferta de economistas alrededor de Macri no tardó en aumentar. Y con ella la competencia para Melconian. En 2013 Cabrera organizó un retiro en la bodega de Nicolás Catena en Mendoza con economistas del PRO (Federico Sturzenegger, Rogelio Frigerio y Miguel Braun), académicos (Guido Sandleris de la Universidad Torcuato Di Tella) y consultores del sector privado que habían tenido experiencia en el sector público (Hernán Lacunza y Nicolás Dujovne), entre otros.

Cuentan que Catena –economista, fundador del CEMA e integrante del equipo económico de Celestino Rodrigo, ministro de Economía de Isabel Perón- fue uno de los que más alentó en esa etapa a Sturzenegger a coordinar equipos y economistas. También, que Durán Barba y Peña hicieron observaciones sobre la conveniencia de debatir públicamente ideas que tenían por ejemplo como objetivo ajustar las cuentas fiscales.

— ¿Para qué nos sirve? —preguntó Peña a alguien de Pensar sobre la idea de contar esos atisbos de planes.

— Yo por mí tiraría una granada aquí —se refirió Durán Barba a los economistas antes de una de esas presentaciones.

—Vos no les des bola, seguí —contestó Macri a alguien que le llevó el comentario de Durán Barba y Peña.

Un día de verano de 2015 el candidato a Presidente encaró a Cabrera, que por entonces conducía el área económica de Pensar, y le dijo:

— Pancho, no quiero más reuniones con los economistas, voy a dedicarme a la campaña.

Iban juntos en auto, rumbo a Barrio Parque.

— Necesito parar de escuchar a los economistas y conectarme con la señora que me abre la puerta de su casa, que me invita a pasar y me convida un mate.

Cabrera sumó a dos empresarios recomendados por Horacio Rodríguez Larreta para llenar el espacio que Macri dejó vacío. Se incorporaron Gustavo Lopetegui, a quién Larreta había conocido en su paso por la Anses cuando dirigía un proyecto para la consultora McKinsey en los años noventa, y Mario Quintana, compañero suyo en la carrera de Economía de la UBA que venía de desarrollar Farmacity y el fondo Pegasus.

En una reunión a las pocas semanas en unas oficinas de Quintana, en Cerrito y Libertador, se debatió la salida del cepo entre economistas. Básicamente se escucharon dos posiciones. Sturzenegger y otro economista de la Di Tella, Andrés Neumeyer, dijeron que los controles se podían eliminar rápido porque el aumento del precio del dólar no impactaría en la inflación (los costos domésticos estaban valuados a un dólar más alto que el oficial). Guillermo Calvo y Miguel Kiguel se opusieron. Neumeyer y Kiguel publicarían poco tiempo después sendos trabajos justificando sus posturas. Cabrera y Quintana apoyaron la primera. “Es un mandato político salir rápido del cepo”, dijeron.

— Me tienen podrido con eso de levantar el cepo. Acá el que sabe soy yo y el que dará credibilidad soy yo – respondía Macri cada vez que alguien elevaba reparos, recuerdan cerca suyo.

Alrededor de esa época, Macri y Cabrera convocaron a Alfonso Prat-Gay. Creyeron que su figura ayudaría a generar confianza a la hora de eliminar el cepo.

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