martes 12 de noviembre de 2019 - Edición Nº1487
ExtraData » ACTUALIDAD » 5 nov 2019

El presidente inesperado

La vertiginosa conversión de Alberto Fernández de operador a presidente electo nació de una derrota: la oposición comenzó a ganar el día que comprendió que había perdido. Razones y retos de un mandato minado por las urgencias.


Por: Carlos Romero - @soycarlosromero // revistazoom.com.ar
Uno

Argentina tiene un nuevo presidente. Tan nuevo que hace cinco meses no figuraba en los planes de nadie o, mejor dicho, en los de una sola persona, que anoche revalidó sus títulos como estratega política. Un presidente de mayorías claras, confirmado en primera vuelta por 12 millones y medio de votos y ganador en 18 de los 24 distritos del país, con la unidad del peronismo como carta de presentación y con una trayectoria que incluye haber marcado y sostenido sus diferencias con el propio kirchnerismo. Alberto Fernández llega a la presidencia en plena madurez política.

Y Mauricio Macri, que había arribado al poder con las expectativas de la “derecha moderna”, que tanto ilusionó a un sector de la sociedad y a varios analistas, dejará el cargo tras un solo mandato, luego de aplicar las recetas de siempre y de generar la crisis de siempre. Se irá vencido por la misma fuerza que había venido a sepultar, pero algo aliviado por haber evitado que la derrota incluyera una paliza terminal para sus aspiraciones personales.

Todo esto pasó en la Argentina entre el 18 de mayo y el 27 de octubre.

Dos

Un asesor del equipo de campaña de Alberto Fernández lo resumió de esta manera: “Empezamos a ganar cuando aceptamos que habíamos perdido”. Lejos de una reflexión vaporosa o de sobrecito de azúcar, el concepto es estrictamente político y explica cómo se gestó la victoria sin balotaje de Alberto Fernández y el Frente de Todos, con el 48,10% de los votos y 8 puntos de diferencia sobre Macri, así como el aplastante triunfo de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires, que obtuvo el 52,28 % y le sacó más de 13 puntos de ventaja a María Eugenia Vidal. En el caso de la gobernadora, el deterioro de su respaldo fue aún más virulento: de ser una figura imbatible, as bajo la manga del PRO, pasó a perder sin atenuantes.

La campaña de Kicillof, la construcción de su figura y cómo arrasó en las urnas ameritarían una reflexión exclusiva, pero por lo pronto se puede decir que el exministro tiene por delante un desafío a la altura de la confianza que generó entre los bonaerenses, algo similar a lo que la misma Vidal había motivado en 2015. Lejos de los estereotipos arcaicos que se le suelen endilgar al votante bonaerense, la provincia viene innovando muchos más que otros distritos a los que se les atribuye mayor sofisticación en las urnas.

Más previsibles fueron los triunfos del PJ en las otras dos gobernaciones que se pusieron en juego: en Catamarca, ganó Raúl Jalil, que se impuso con el 60,40% de los votos, y en La Rioja el nuevo gobernador será Ricardo Quintela, que sacó el 40%, en un escenario donde el PJ fue dividido.

Tres

El punto de inicio fue un razonamiento simple pero no siempre evidente: para volver a ganar, la oposición debía entender el sentido de la derrota de 2015 y actuar en consecuencia. Al kirchnerismo le tomó su tiempo digerir que aquella caída ante Cambiemos no había sido sólo de Daniel Scioli, que era puntualmente propia, y que no se limitaba a lo electoral, sino que el problema era político. Luego de esa segunda gran decepción que fueron los comicios de medio término, ya no quedaron dudas. Una vez hecha carne esa certeza –y quien primero lo asumió fue la senadora Cristina Fernández– se gatillaron las decisiones, acuerdos y reconciliaciones que permitieron acumular las voluntades políticas que construyeron el resultado de ayer.

Lo sintetiza bien una de las frases lanzadas anoche por Alberto en su primer discurso como presidente electo, en un juego de palabras con el nombre de su espacio y con ese tono que recuerda a la forma de hablar de Raúl Alfonsín: “Este no es el frente de nosotros, es el Frente de Todos, nació para incluir a todos los argentinos y a todos los argentinos estamos convocando”. A sus espaldas, un sonriente Sergio Massa oficiaba como ejemplo viviente. Antes, Cristina había cerrado su intervención sobre el escenario con igual eje: “Quiero pedirles a todos los hombres y mujeres que hoy están aquí, de distintas vertientes del campo nacional, popular y democrático, que por favor nunca más rompan la unidad que se requiere para enfrentar a estos proyectos neoliberales que tanto dolor han causado”.

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