sábado 16 de noviembre de 2019 - Edición Nº1491
ExtraData » DEBATES » 1 nov 2019

Chile: La revolución de los cabros

En un intento por descansar unos días y reparar un mal de amores, Cristian Alarcón aterrizó en Santiago la noche del estallido.


Por: Cristian Alarcón // Ilustración El Charlee // revistaanfibia.com

En el reencuentro con sus amigos de la adolescencia reconstruye el hilo que une a dos generaciones: los mismos jóvenes que hacían la revolución hace treinta años contra la dictadura de Pinochet son los que prenden la chispa hoy contra el neoliberalismo.

El gas entra por la nariz por sorpresa, se mueve silencioso y vil por el pasillo del edificio, y mi amiga Bárbara alcanza a decir Cris y ya nos estamos dando vuelta en el aire, sin hablar ni una hueá, al departamento del que queríamos huir un rato para ver qué pasaba en la esquina, donde un nuevo grupo de jóvenes montó una nueva barricada. Llevamos un par de horas escuchando el incansable pacos cualios, pacos culiaos, y una mujer que se desarma gritándoles desclasaos, desclasaos, les pegai a los de tu clase conchetumare.

En estos días escucho conceptos de esos por todos lados, como si esta sociedad tan supuestamente despolitizada hubiera guardado esas palabras en formol por décadas. Pienso en el gas del 20 de diciembre, y en el de algunas otras pocas marchas argentinas en las que cubrí para los diarios o marché y largaron lacrimógeno, pienso en que es muy eficiente el gas hijo de yuta porque entra por la nariz y sale por los ojos doloroso y convincente. Pronto los vecinos del complejo de departamentos envían sus mensajes al grupo de Whatsapp: proponen cerrar las rejas para que los pibes no entren al divino parque con juegos para niños y los milicos no puedan gasear a los cabros al menos en nuestros ojos.

No vine a la ciudad para escapar de los pacos, ni de los milicos; no vine para esta revolución de estudiantes y lúmpenes incendiarios; no pretendía una nueva oportunidad para ser chileno ni una para escribir una crónica. Compré el pasaje hace semanas porque había un proyecto de novio colombiano en Santiago. Me reencontró después de 15 años, pero estoy hastiado del amor romántico. Decepcionado, ansiando mensajes azucarados de mañana y noche, me abandonó el martes anterior a la revolución con un mensaje de Whatsapp violento y terminante: bloqueado de todo.

Hasta el viernes no sabía si tomaría el avión pero me asumí al borde de un estrés y viajé con la idea de irme a la casa de mi amiga en una caleta de pescadores dos horas al norte de la ciudad. Es decir, aunque ahora me de pudor, yo a esta ciudad no vine a resistir, a pelear, a gritar. ¡Vine a descansar! Al aterrizar en Santiago apenas mi amiga me escribió pensé en mi mala pata:

—Aquí está la zorra, caos de tránsito, cerraron tres líneas de metro por los desórdenes – dijo.

Eran los estudiantes que desde el lunes hacían “evasiones masivas en el metro”. Los reprimieron cada vez más. Ellos respondieron con acción directa. La más espectacular: algo lanzado desde lo alto de una estación estallando en las vías como un fuego artificial navideño.

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