sábado 16 de noviembre de 2019 - Edición Nº1491
ExtraData » DEBATES » 24 oct 2019

El neoliberalismo en su encrucijada

esde hace algunas semanas las derechas sudamericanas están en jaque. Las resistencias en Chile, Ecuador y Argentina cuestionan por distintas vías al neoliberalismo postglobalizado. Porque la gente siente que ya no tiene nada o casi nada que perder.


Por: * Menara Lube Guizardi // Foto: Migrar Photo // revistaanfibia.com

Menara Guizardi recorre tres respuestas a un modelo voraz que combinan la reacción inmediata al ajuste económico con la experiencia acumulada durante años de protesta.

Neoliberalismo postglobalizado

“Pesimismo de la razón, optimismo de la voluntad”, sintetizó en otros tiempos, tristemente parecidos con estos, el sagaz pensador sardo Antonio Gramsci.

Hace tres años, algunos cientistas sociales que acompañaban atónitos el plebiscito del Brexit o la campaña presidencial de Trump plantearon que estos sucesos internacionales anunciaban el fin de la globalización. A falta de nombre mejor, empezaron a denominar este nuevo periodo como “la postglobalización”. Al menos dos claves caracterizaban este momento.

Por un lado, el norte global daba muestras de salir de la crisis económica que desde 2008 golpeaba a los países centrales del capitalismo. La estabilización de esos Estados coincidió con el progresivo revés de las condiciones macroeconómicas de los países de América del Sur, que agotaron el boom de las commodities vivido a inicios del siglo XXI. La región entró en una recesión procesual: retrocedieron nuestras competitividades internacionales, bajó el valor de nuestras monedas con relación al dólar, mermaron nuestros mercados laborales y, con ellos, nuestros mercados internos.

Estos contextos fueron usados con gran habilidad mediática por fuerzas económicas y políticas que, pese a ser viejas conocidas, se presentaron como una novedad: se disfrazaron de buenas oyentes de los nuevos deseos de la población; de moralizadoras y modernizadoras de los Estados. Munidas de discursos de persuasión masiva –como la performance de los globos amarillos de Mauricio Macri, en las elecciones del 2015, en las que prometía la “revolución de la alegría”–, constituyeron una narrativa hegemónica que anunciaba la llegada de una nueva derecha no-neoliberal. Mentían.

Personajes como el propio Macri o Sebastián Piñera en Chile, protagonistas de una larga trayectoria de corrupción empresarial del Estado, se presentaron frente a los electorados sudamericanos como la solución a la supuesta “corrupción” (económica, moral, política) de los gobiernos progresistas. Estos últimos, entre mareados y sorprendidos, tardaron en incorporar las autocríticas necesarias y en asumir el descontentamiento y los nuevos posicionamientos populares. Leyeron mal el contexto y siguen pagando, hasta hoy, por la persistente miopía.

Por otro lado, el avance de las derechas sudamericanas acompañó la derechización de los países del norte global. El espectro político de las democracias se desplazó en bloque hacia la derecha. Los discursos del odio retomaron la esfera pública global y anunciaron el final de la hegemonía multicultural que había caracterizado al neoliberalismo globalizado desde la caída del muro de Berlín.

Claro está que el multiculturalismo representaba un modelo insuficiente de gestión de la heterogeneidad cultural y social: sus resultados desembocaron en políticas y desenlaces extremadamente violentos hacia los pueblos originarios y afrodescendientes, así como hacia las mujeres, transexuales, travestis y demás identidades no-normativas (o, como se dice en la jerga política, “las minorías”). Pero lo que vino después del multiculturalismo, el proyecto de la postglobalización para abordar a las diferencias y diversidades planetarias, resultó incluso más nefasto.

Nota completa acá

* Menara Lube Guizardi es Cientista Social y posgraduada en Ciencias Humanas y Desarrollo Regional por la Universidade Federal do Espírito Santo (UFES, Brasil); máster en Estudios Latinoamericanos y Doctora en Antropología Social, ambos por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM, España).

Actualmente desempeña como investigadora postdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Argentina (CONICET), estando vinculada al Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín (IDAES-UNSAM, Argentina). Además, es investigadora asociada de la Universidad de Tarapacá (Arica, Chile). Su libro más reciente es “Capoeira: Etnografía de una historia transnacional entre Brasil y Madrid”, publicado por las Edicciones de la Universidad Alberto Hurtado (Santiago, Chile).

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