martes 12 de noviembre de 2019 - Edición Nº1487
ExtraData » ENTREVISTAS » 11 oct 2019

#EntrevistasPorWhatsapp

Walter Formento: “Estados Unidos se encuentra en un proceso de declive estratégico”

Inauguramos una nueva sección de entrevistas de la mano del director del CIEPE experto en geopolítica internacional quien advierte que China invierte en América Latina porque necesita del petróleo, gas y soja.


Por: Redacción

En #EntrevistasPorWhatsapp compartimos las palabras de un intelectual calificado para analizar la puja entre EEUU y el resto de las potencias internacionales. Walter Formento es autor de varios libros, entre los que se destaca Geopolítica de la crisis económica mundial de editorial Fabro. Además es economista, director del Centro de Investigaciones en Política y Economía (CIEPE) y un experto acerca de la unidad estratégica del Movimiento Obrero Organizado y los trabajadores de la Economía Popular. Formento da cuenta de las nuevas formas de producción en el mundo moderno y su impacto en el trabajo formal e informal, como así también la perspectiva histórica de esta conjunción y los desafíos para el futuro.

- ¿Qué nos podés contar acerca del escenario internacional y la guerra comercial? ¿Cuáles son las coordenadas necesarias para entender a Rusia-Venezuela-EEUU? ¿Cómo se da la injerencia de China en la región?

Walter Formento: En el escenario internacional hay un hecho, una presencia y una realidad cada vez mayor de los actores multipolares, compuestos por ese actor conformado y múltiple que es China, Rusia y la India. La decisión y la presencia de estos tres países respecto a Venezuela guarda relación con el hecho de que Venezuela es un actor de suma importancia por su capacidad de proveer en el muy largo plazo energía, petróleo y gas, dado que hoy tiene la reserva más grande del mundo de estos dos últimos hidrocarburos.

Toda la región del mar Caribe, que va desde Venezuela hasta México, es central en términos de recursos energéticos estratégicos. Entonces, en relación a eso la realidad es que las grandes empresas que producen en el mundo se han deslocalizado, desplazado y asentado en el área de Hong Kong y Shanghái, es decir, en el sudeste chino. Además, lo que se llama el desarrollo de la capacidad industrial estratégica y productiva de China, con un núcleo estratégico en Pekín, o sea Xi Jinping, hace que la demanda mundial de bienes energéticos (petróleo y gas) se haya desplazado de los Estados Unidos hacia el Asia Pacífico, con centro en China.

Este escenario pone a Venezuela en un lugar estratégico de disputas entre las grandes potencias mundiales. Por un lado, Estados Unidos, el continentalismo norteamericano, con centro en Washington, se encuentra en un proceso de declive estratégico y pérdida de iniciativa económica estratégica; y por otro lado, encontramos a este otro actor multipolar, pluriversal, que empieza a nuclear y a dar contenido y forma a un actor estratégico que está en ascenso y con una iniciativa económica estratégica ascendente.

A esto hay que sumarle, además, al actor global, es decir, al actor unipolar global, que llamamos “con centro en Londres”, que controla dominantemente las transnacionales y se nutre de las grandes transnacionales asentadas en el Asia Pacífico, particularmente en Hong Kong y Shanghái. Este globalismo, también ascendente y con una iniciativa económica que está moderada en este momento por las derrotas en Gran Bretaña, por la victoria del Brexit y por el triunfo de Trump, conforma esta realidad en la que se vuelve un hecho central para el continentalismo norteamericano ―con centro en Washington y el vicepresidente Pence― desalojar, desplazar y dejar fuera de juego a Rusia, India y China en su relación con Venezuela, porque lo deja muy expuesto a quedarse sin la necesaria provisión de energía, petróleo y gas, lo cual le produciría inmediatamente un daño importantísimo y, por lo tanto, afectaría su capacidad de dar continuidad a su proyección estratégica motor.

Lo mismo le pasaría a China, Rusia y la India si actores como Brasil, Argentina, Uruguay y Bolivia, grandes productores de soja, también empezaran a caer bajo la influencia estratégica de Washington. Esto no ha sucedido aún, y es difícil que suceda en el mediano plazo, dadas las respuestas que han dado ya Brasil y Argentina respecto a que de ninguna manera planean cortar su relación como proveedores estratégicos de soja.

En términos de petróleo y de soja, que es un alimento para la producción de cerdo, si Washington lograra cortar el abastecimiento directo desde Sudamérica hacia el núcleo de actores de China, Rusia y la India, produciría una crisis. La posibilidad de que Washington pueda reposicionarse, en su proceso de declive, es una de las realidades más importantes a tener en cuenta. Por tanto, cuando queremos responder la pregunta sobre por qué China, Rusia y la India apuestan tanto, y particularmente China, a desarrollar aceleradamente inversiones económicas estratégicas en la región sudamericana, que va desde México hasta la Argentina, pues, la explicación es que necesitan mantener en condiciones y de manera fluida las relaciones para la provisión de petróleo, gas y soja, e incluso también podríamos sumar el litio.

En ese sentido, es posible entender por qué China, Rusia y la India defienden tanto a Venezuela frente a la amenaza de una invasión norteamericana de Washington, por qué defienden tanto las capacidades y las nuevas libertades que va adquiriendo México con López Obrador, y por qué defienden sus inversiones, pero también los procesos de recuperación de gobiernos que vuelvan a construir y a constituir el UNASUR, en tanto este organismo es otro actor importantísimo en y para el multipolarismo.

-¿Cuáles son las posturas en disputa acerca del rol de América Latina en el escenario global? ¿Balcanización o unidad?

WF: Frente a este escenario que tratamos en la pregunta anterior, es claro que Washington está apuntando a una balcanización de la UNASUR, de la CELAC y de toda Sudamérica, que va desde México hasta la Antártida. Necesita de la balcanización, ya que esta significa la fragmentación en pequeñas partes, es decir, en los países ―e incluso la fragmentación dentro de los países― como unidades en términos de Estado-nación.

La fragmentación llega en los planes del globalismo financiero y del continentalismo financiero, con centro en Washington y en Londres, hasta la desintegración de los Estados-naciones. Ese es el nivel de la amenaza de los actores estratégicos unipolares financieros: necesitan esta balcanización para poder seguir manteniendo a estos Estados-naciones en una condición subordinada y dominada; necesitan mantenerlos desunidos, fragmentados y balcanizados para que no se puedan desarrollar ni construir su unidad estratégica, como la UNASUR-CELAC, que es el modo de constituirse en los actores multipolares de Sudamérica.

En ese sentido, cuando uno habla de la contradicción unidad-balcanización, los poderes unipolares financieros, tanto el globalismo unipolar como el continentalismo unipolar (Washington y Londres), necesitan la balcanización de la Sudamérica hispánica, como la podemos nombrar también.

El proyecto multipolar que tiene a Sudamérica como uno de sus actores estratégicos e importantes, en igual rango que Rusia, India y China, necesita la unidad, pero no sólo en términos nacionales, ya que además de la unidad nacional y del modelo nacional de país, hablamos de una unidad del modelo nacional del país en la UNASUR-CELAC, para así formar parte de ese multipolarismo, de esa unidad estratégica multipolar y pluriversal que mantiene inalterables las identidades de esos componentes que se suman y se articulan.

-En este escenario, donde el Frente de Todos posiblemente gane las próximas elecciones en Argentina, ¿cómo va a impactar en esa relación de fuerzas?

WF: Es muy claro y se observa no solamente en el discurso electoral, sino en las propuestas histórico-estratégicas que vienen desde el 2003 por lo menos (uno podría remontarse mucho más atrás, a esa continuidad que va desde San Martín, Rosas, Irigoyen, Perón y Alfonsín), que la unidad sudamericana y caribeña, eso que se manifiesta como UNASUR-CELAC, es un programa estratégico de esta hora. Ya no se trata de que la nación se articule en un continentalismo, como lo fue la consigna hasta fines de 1900, sino que ahora es la unidad de ese regionalismo, que es la UNASUR, articulada al multipolarismo pluriversal que tiene tanto centro en términos económico-políticos, que llamamos los BRICS, como en términos filosófico-cultural-religiosos, lo que denominamos como ese diálogo interreligioso, de civilizaciones, tanto ecuménico como interreligioso.

En ese sentido, el único del conjunto de los programas electorales que están presentes en la discusión seria e importante dentro del proceso electoral argentino, es el que manifiesta el Frente de Todos, porque no sólo lo contiene como propuesta electoral, sino como hechos históricos precedentes, que lo viene sosteniendo por lo menos en los últimos 50, 100, 150 años, e incluso podríamos entroncarlo en ese programa estratégico que se manifestó en el Plumerillo a partir de 1812-1814 con San Martín y Fray Luis Beltrán.

-¿Cuáles serían las políticas ambientales necesarias para estar a la altura de la historia y de las exigencias que demanda la emergencia climática?

WF: Es muy importante tener presente, porque empiezan a tener mucha base de legitimidad, a las movilizaciones en defensa de la naturaleza o del medio ambiente, que es un modo tal vez no tan preciso de llamar a esto que debería llamarse “en defensa de la naturaleza y la humanidad”. Es decir, está cada vez más presente para estas opciones, que son las opciones multipolares, con centro en los BRICS o con centro en el diálogo interreligioso de civilizaciones.

No hay ninguna duda de que para este actor es importante la naturaleza, el ser humano, y son importantes también la producción, la política, el Estado, los gobiernos nacionales profundamente enraizados y comprometidos con la vida de los seres humanos y con la vida de la naturaleza.

Porque saben que las minorías elitistas que conforman las propuestas unipolares financieras normalmente tienen una opción preferencial por las ganancias financieras, por la timba financiera, por la especulación, por ese individuo que conforma la pequeña élite de los dueños de los grandes capitales financieros y su pequeño núcleo de altos gerentes estratégicos, a los cuales denominamos normalmente los CEOs.

-¿Cuál es el rol del papa Francisco en este escenario?

WF: A partir de lo que hemos dicho, y en realidad como un cuarto aporte, respecto a este otro actor que es invisible a los ojos de muchos de los estudiosos ―porque normalmente se aborda el tema de los actores estratégicos ascendentes en la actualidad a partir de la dimensión economía política y estrategia―, es imposible no tener en cuenta ese diálogo multipolar y poliédrico de civilizaciones que conforman las grandes religiones humanistas, monoteístas y de raíz cosmogónica, donde ingresan todas las religiones de los pueblos originarios.

En relación con esa propuesta, particularmente para todo el mundo cristiano, la figura del papa Francisco, y esa figura de doble Papa entre el papa Francisco y el papa emérito Benedicto XVI, es también un actor importantísimo porque tiene, desde el punto de vista de la fe, de lo filosófico-religioso, una llegada muy fuerte en términos de cosmovisión, de humanidad, de cosmogonía, es decir, de defensa de la naturaleza, de compromiso con la humanidad y la naturaleza, y que tiene un alcance de más de 6.200 millones de personas en el mundo.

Es una dimensión que normalmente a nosotros nos cuesta mucho incorporar en el análisis, porque tal vez nos hemos desacostumbrado a tenerla presente debido al peso del discurso contemporáneo, más iluminista, que solamente nos hablaba de Occidente y de una economía política reducida a una economía que ni siquiera era una versión económica de economía integral, profunda, heterogénea y diversa, sino que está reducida específicamente a la aplicación de las matemáticas al mercado económico y financiero, y cada vez más financiero.

Walter Formento  es Director del Centro de Investigaciones de Politica y Econompia (CIEPE), miembro de CLACSO. Director Area de Estudios Geopolitica de la Crisis Financiera Global (CIEPE). Coordinador del Grupo de Trabajo: Geopolitica de la Globalizaciön (CLACSO). Coordinador Mesa Dinámica de Ia crisis global. Hacia una Geopolitica del siglo XXI, IX Jornadas de Sociologia, UNLP. Profesor en Cátedra de Hegemonia, Comunicación y Geopolitica en la UNLP. Crisis Financiera Global, La lucha por la configuraciön del orden mundial (2010), Libro. Miembro del Observatorio Intemacional de la Crisis. Doctorando en Comunicación de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

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