lunes 14 de octubre de 2019 - Edición Nº1458
ExtraData » ENTREVISTAS » 23 sep 2019

Dolina y el país que viene: “Es necesario renunciar a las pequeñas venganzas"

Entrevista en clave política a Alejandro Dolina, escritor, músico, autor y voz indispensable de la radio argentina. La brújula peronista, las dificultades de un “pacto social”, la revolución feminista y la ideología del prejuicio y el odio.


Por: Carlos Romero (@soycarlosromero) // Fotos: Georgina García // revistazoom.com.ar

Entre sus varios talentos –escritor, músico, cantante– Alejandro Dolina es también un agudo analista político. Claro que no es a lo que se dedica en particular, pero cuando lo hace, como en varios pasajes de esta entrevista, el célebre conductor de La venganza será terrible muestra que ese ingenio y esa precisión que le imprime a su ciclo radial resultan fructíferos para abordar los vericuetos de la coyuntura argentina. Ya sea para pensar en los últimos episodios electorales, la naturaleza de Cambiemos, el surgimiento del Frente de Todos o los desafíos de un eventual gobierno de Alberto Fernández, Dolina responde con la misma consistencia con que se permite dudar, echa mano de lo que enseñan la música y la literatura, y apela al humor como forma de aguzar la mirada.

Además, charlar con el autor del clásico Crónicas del Ángel Gris y del más reciente Cartas Marcadas supone seguir el derivar del pensamiento, que no se anda preguntando sobre las fronteras de un temario. Así que con igual ánimo se puede ir de la revolución feminista, el anhelo de “amar sin presentir” o las fake news, a los logros futbolísticos de Marcelo Gallardo, los empresarios de medios, el falso elogio de los profesionales y el afecto sincero de los oyentes.

– Es común escuchar la expresión “estas cosas sólo pasan acá”. ¿Hay algún tipo de excepcionalidad política respecto de nuestro país?

– La hay, pero me parece que lo que pasa aquí en estos tiempos está pasando en todo el mundo. Los movimientos históricos se dan siempre en forma de “serrucho”. La historia indica que con los años se van ganando derechos, se va ganando ciudadanía, se van eliminando privilegios. Es necesario pensar que hay una dirección de los cambios de la historia, así como hay una dirección del tiempo y de los principios de termodinámica. Cuando un florero se cae y se parte en pedazos, sigue una dirección, la del desorden, de la termodinámica. Nunca ocurre que el florero asciende y se rearma. Para eso está el hombre, que busca retrasar esos procesos de desorden y para eso está la vida, que de algún modo es creadora de orden. Quiero decir que es curioso que, muchas veces, se adopta el nombre de “Cambiemos” y lo que se hace es un proceso de retroceso. En el mundo está ocurriendo.

Las corrientes que prevalecen son más bien retrogradas, hay muchos gobiernos neoliberales. No digo que el neoliberalismo sea malo por sí, pero que genera desigualdad es evidente. Es un clásico decir que el 5% de los habitantes tiene el 90% de los bienes. Esto también ocurre en Argentina, ni hablar de gobiernos que tienen discursos y procedimientos fascistoides, que existen en todo el mundo y especialmente en la región.

– Tenemos un caso bastante cerca, el de Brasil con Jair Bolsonaro.

– Sí. Y en la Argentina también sucede este retroceso, incluso de lo que está de moda decir. Hemos naturalizado ciertas opiniones que hace 30 o 40 años hubieran parecido escandalosas. En los 70, cuando flotaba en el aire un cuestionamiento a la sociedad de consumo, los jóvenes, casi de un modo unánime, se ponían en contra de esa sociedad y opinaban que era una desgracia para la vida. Hoy sucede exactamente lo contrario. Ya no hay hippies que te saludan y te hacen la “V” queriendo decir que se oponían a esa cosa mercantilista, a esa cosa de convertir a la persona en un engranaje de una maquinaria siniestra que ni siquiera sabíamos para qué servía.

– Incluso, hay un tipo de consumo destinado a esos sectores.

– Claro, para hacerlos entrar como consumidores de remeras del Che Guevara. Esto ya ocurría en aquel momento, pero lo que flotaba en el aire eran otros valores. De manera que la respuesta es que esto ocurre en todo el mundo, y en la Argentina hay algunos fenómenos que son locales. Yo creo que Argentina es un país bastante perfilado. Los perfiles son esos detalles por los cuales nos reconocen cuando tocamos el timbre de nuestra casa. Y la Argentina tiene, tanto en su cultura, en su historia artística e incluso en su historia política, algunos datos que son muy reconocibles, como por ejemplo el tango, la poesía gauchesca, el peronismo. Son fenómenos, no diría extraordinarios y únicos, pero sí que tienen una nariz larga, que se ven de lejos y que se dejan oír y son reconocibles al segundo compás.

– Para una sector de la sociedad, la llegada de Cambiemos significó un gran desconcierto sobre las formas de pensar compartidas y los valores en juego. El resultado de las primarias, ¿recobró algunas certezas?

– Sí. Yo pienso exactamente lo que usted piensa para formularme esa pregunta (risas). Hasta antes de las Paso, podríamos decir que una de las cosas que nos pasaban por la cabeza era el desconcierto, otras eran la tristeza, la bronca, la desazón. Es decir, ¿cómo puede pasar esto?, ¿cómo puede haberse convertido en mayoritaria y glamorosa una forma de pensar que antes era, por definición, minoritaria, resentida y portadora de valores más bien negativos? Evidentemente, hay una parte considerable de la población que es muy permeable a esa manera de pensar. Muchas veces, las circunstancias históricas hacen que esas formas retrógradas del pensamiento se oculten, incluso en lo más íntimo de cada uno, y vienen a ocurrir algunos sucesos que favorecen su exteriorización. Lo que antes nos teníamos que comer, por ejemplo, que nos caían muy mal los inmigrantes, en especial cuando eran de la región, de golpe resulta interesante decirlo.

Pongo como ejemplo esas entrevistas que se hacen a las personas por la calle, donde enseguida aparece eso: “¡Este boliviano de la otra cuadra, que vino aquí a hacerse rico, nos deja sin empleo!”. Eso estaba dentro de algunas personas, que esperaban el momento en que pudieran sentir que decirlo hacía vibrar otras cuerdas por empatía, y lo que antes te tenías que guardar porque resultaba vergonzante, ahora lo decías porque estaba en los programas de televisión, en el discurso oficial.

“Pero caramba, esto que yo siempre pensé y tenía vergüenza de decir, a saber, que los pobres lo son porque lo merecen –por ejemplo–, resulta que ahora es lo que piensa esta gente”. Eso apareció fuertemente durante la época del macrismo y hasta generó una especie de mayoría. Caídas algunas máscaras o una vez que se hizo evidente algo que lo era desde su misma enunciación, un poco las cosas volvieron a su cauce normal, pero estas ideas retrógradas que son afines al macrismo, que no son el macrismo propiamente dicho, pero que riman perfectamente con él, aparecen en un alto porcentaje en Argentina.

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