lunes 16 de septiembre de 2019 - Edición Nº1430
ExtraData » ARTE Y CULTURA » 28 ago 2019

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Moira Millán y su libro sobre el pueblo mapuche, su lucha y su cultura

"El tren del olvido" es una contramemoria que rescata aquello que olvida la cultura oficial


Por: *Por Márgara Averbach // Página 12 Radar Libros

Como pasa con la mayor parte de los autores amerindios de todo el continente americano, Moira Millán pone su escritura dentro de la lucha de su pueblo mapuche por la defensa de su cultura y de su tierra.

Además de escritora, Millán es una luchadora mapuche: entre otras cosas, fue parte importante del Primer Parlamento de Mujeres Indígenas y de la Marcha de Mujeres Originarias por el Buen Vivir que llegó a Buenos Aires en 2015. Esos datos son útiles porque tienen que ver con el concepto de “literatura” que tienen estos autores.

Para las culturas amerindias, el arte en general y la narración en particular son parte de la lucha diaria por la comunidad y, además, el lenguaje está íntimamente ligado al mundo que nombra (no hay abismo entre las palabras y las cosas como creen los autores europeos como Michel Foucault y Ferdinand de Sassure).

Y es por eso que El tren del olvido es, antes que nada, contramemoria: construye sistemática y cuidadosamente una memoria que rescata datos olvidados por la “historia oficial” y los cuenta desde el punto de vista de los vencidos.

En este libro, aparecen muchos de los temas más comunes de la literatura de contramemoria --como la llama George Lipsitz, historiador estadounidense--, empezando por el uso constante de marcas de oralidad. La narración oral es esencial para las culturas de América. En El tren del olvido, hay una relación constante de la primera persona narradora con los lectores, que son presencias marcadas en el texto, y esa relación es evidente tanto en las palabras finales como en las explicaciones constantes de detalles culturales que sin ellas, serían incomprensibles para los lectores no mapuches.

La escena que se evoca es un lugar común en estas literaturas: un círculo de personas que escuchan y aprenden lo que cuenta el narrador o narradora, que casi siempre, como en el libro, es una “abuela”. Aquí, esa narradora recupera las voces de todos los narradores anteriores: su sabiduría es la de la comunidad completa.

En el relato de Millán, no hay binarismo: esto no es una lucha simple entre un pueblo colonizador (los blancos) y uno colonizado (el mapuche). Lo que se describe es una serie de intersecciones culturales y sincretismos complejos entre por lo menos cuatro culturas: la inglesa, la irlandesa, la argentina, la mapuche. Se cuentan dos colonizaciones paralelas (los ingleses colonizan a los irlandeses; los europeos colonizan a los mapuches) y también varias superpuestas: la inglesa sobre la argentina y las dos sobre la mapuche.

Esa disposición de la lucha es un ataque al par binario sarmientino, civilización versus barbarie, representada aquí sobre todo por el avance del tren (que es terrible pero también bello y admirable). La explotación de los mapuches recibe un nombre específico, “esclavitud” y la conclusión de la narradora y algunos otros personajes es una acusación directa contra el “progreso”: “las banderas que representaban el progreso destilaban sangre”.

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