lunes 16 de septiembre de 2019 - Edición Nº1430
ExtraData » ARTE Y CULTURA » 26 ago 2019

#Cineargentino

La Sequía: del desierto a la liberación.

El director Martín Jáuregui estrenó su película filmada íntegramente con los recursos de la energía solar.


La sequía se abre al mundo desde el contraste.

Lo que esperamos ver aparecer sobre una montaña desértica del norte Argentino es (sin duda) cualquier otra cosa que a Fran Acosta (Emilia Attias) vestida de gala, con tacones y cartera al estilo Chanel, escalando cuesta arriba.

El violeta perlado de su vestido flameante danza con el viento casi apoderándose de su cuerpo. 
Desde el primer plano nos sitúa en el lugar de la transformación, de que hay algo en lugar de otra cosa, un desborde emocional que se percibe por la disposición de los elementos en el cuadro, y por la suplantación del habla, que en vez de salir por la boca, sale por el cuerpo.
Fran está perdida por dentro, y se encuentra a sí misma desde el afuera. El contacto con la inmensidad natural la convierten en parte del todo.

Es un camino de despojo interno que deriva en liberación. 
Aquí todo se transforma menos el desierto que es el otro gran protagonista. Sus ocres saturados nos sumergen en un mundo fantástico. Cada plano es una obra pictórica donde la armonía y belleza están al frente. La dirección fotográfica de esta película es el punto más fuerte, ya que de ella se desprende el sentido propio que tiene el film.

Travellings extensos, flairs de luz intensa, planos tan abiertos como cerrados, cenitales que marcan el lugar del ser supremo, luz natural compuesta oníricamente, velas que iluminan la noche en la choza transformando la noche cinematográfica tan irreal a la que estamos acostumbrados, casi haciendo un guiño amistoso al Barry Lyndon de Stanley Kubrick.

La gran dirección de Martín Jáuregui toca su punto máximo en el trabajo de los cuerpos. En tres extensos días Fran se transforma por completo. Tira sus tacos, escala montañas, pierde el miedo, grita, llora, ríe, arrastra sus pies, su boca está tan seca que podemos sentir sed, su piel toma el color de la arena. Su cuerpo supone un encuentro entre el ayer y el hoy reflejado en la revitalización de las sombras de un mundo interno que está a punto de desaparecer. Ese mundo material que reencarna en la figura de su manager y amiga Not (Adriana Salonia), quien viste de luto y aparece siempre en las escenas, persiguiendola o acompañándola en la transformación. Forma parte del mundo fantástico, al igual que las piedras flotantes, la ballena en el cielo y las constelaciones de la noche.

Y el sonomontaje también se transforma. Los diálogos internos de Fran pasan de ser discusiones tóxicas a un intenso poema que cierra el film a modo de flashback. Es un tejido sonoro de voces que deriva en un collage musical.

La sequía es una fábula inquieta de liberación personal y admiración natural Las palabras y las imagenes riman y nosotros lo hacemos con ellas.Mirá el trailer acá

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