domingo 25 de agosto de 2019 - Edición Nº1408
ExtraData » ENTREVISTAS » 13 ago 2019

Chino Darín: "Tardé mucho en sentir el lugar que tengo"

El otro Ricardo. El actor protagoniza, junto a su padre, La odisea de los giles. Cuenta cómo es su relación con la fama y su vida entre Buenos Aires y Madrid.


Por: Paula Bistagnino // Lmneuquen

El hijo creció. Ricardo Chino Darín tiene 30 años y no sólo ya no tiene que demostrar que puede defender el nombre y la fama heredada, sino que además fue un paso más allá y él le propuso a su padre dar el salto final a la producción y crearon Kenya Films.
Así es como ahora debutan en compartir el set de rodaje como actores y además también el detrás de cámara del film La odisea de los giles, que es uno de los grandes estrenos del año bajo la dirección de Sebastián Borenzstein. Y entonces sí, ahora, dice que termina de sentir que lo que tiene es suyo. “Tardé mucho en sentir que me gané el lugar que tengo”, dice.
“Que haya adoptado Chino me diferencia en un ambiente donde el nombre Ricardo Darín ocupa un lugar muy grande”.


Todo fue un caminito…


Empecé siendo el último orejón del tarro en la producción de El secreto de sus ojos y fue un recorrido hasta acá. Y un salto gigante: fui aprendiendo sobre la marcha, mientras iba haciendo las cosas, y es lo más importante que hice en mi vida. Producir y actuar para mí fue una odisea también. Y un aprendizaje increíble. Una sensación de satisfacción muy grande porque siento que lo que le vamos a dar al público es algo muy bueno.


¿Vos le diste la idea a tu padre?


Era una idea mía y yo lo que hice fue sumarlo. Convocarlo. Poder traccionar sobre la artística de la película a otro nivel. Es la diferencia entre que te convoquen para algo o decidir vos en qué trabajar.


La película es sobre la crisis de 2001. ¿Cómo te pega a vos esa historia?


Forma parte de mi vida. Es una historia reciente. Todos nos vimos afectados por lo que pasó en 2001. Incluso antes ya había una sensación de crisis bastante heavy y lo recuerdo mucho. Yo tenía 12 o 13 años y me había cambiado de un colegio privado que era una burbuja absoluta a uno público que dependía de la UBA en el centro de Buenos Aires. Fue una decisión con mis amigos. La calle estaba en ebullición y nosotros en el Centro de Estudiantes. Fue clave en mi conciencia social.
Eras muy chiquito para tener tanta conciencia.
Es que era muy grande cuando era chiquito. Y a mí siempre me importó y sentía que no estaba en contacto con la realidad. Fue un despertar. Desperté en ese momento. No conocía esa realidad.


Es la primera vez que trabajan juntos. ¿Cómo fue pasar de la realidad a la ficción?

Me llevo de esta peli una experiencia inolvidable de compartir con mi viejo todo, de poder tirar paredes delante y detrás de cámara. Aprendo de él, crezco con él.

¿Te dio algún consejo?


Lo que más aprendí de él tiene que ver con el trato, con la forma, con entregar todo. Con entender que este es un trabajo de entrega y que la recompensa puede llegar a venir más adelante pero que lo que uno tiene que hacer es dar de sí y sobre todo con las personas con las que trabaja en equipo. Mi viejo es un genio en eso.

¿Te asombra la popularidad?

Bastante. En un punto me asombra y en otro, pienso, es innegable que cuento con una ventaja comparativa que es que yo nací y estaba en la tapa de la revista Gente. Y no elegí eso, incluso si hoy pudiera borrarla la borraría. No es algo que me de orgullo particular. Siempre supe que me hacían notas por hacer laburos chiquitos y que a otros actores no les hacían, aunque lo merecieran más que yo. Reconozco que tengo una situación de privilegio por eso. No buscada. Al contrario, renegué mucho de eso.

¿Le cuestionás que te haya puesto su nombre?

No reniego de ser el hijo de él y me encanta mi apodo. Está resuelto, aunque vos decís ¿qué necesidad de ponerle el mismo nombre al pibe? Pero todo eso que parece bastante egocéntrico, para mí queda diluido en una historia muy potente: cuando estaban pensando mi nombre con mi vieja embarazada, mi abuelo se murió y me cayó su nombre, que es el mismo que el de mi viejo. Y mi abuelo materno, que me trajo al mundo porque es obstetra, también me puso su nombre: soy Ricardo Mario. Que haya adoptado Chino es la necesidad de sentir que elijo algo y que puedo diferenciarme un poco en un ambiente donde el nombre Ricardo Darín ocupa un lugar muy grande.

Tu padre ha dicho que la fama le pesa… ¿A vos?

La fama tiene un peso, porque la pérdida del anonimato tiene un peso. Se puede ver en las redes, que la gente se suelta más que en la vida porque es más anónima que en el barrio. Estamos en las antípodas de eso. Porque no somos anónimos ni en las redes ni en la calle. La clave está en cómo lidies con eso. Puede ser muy lindo que alguien te reconozca, pero también hay una gran injusticia en eso de que uno deja de ser uno y dueño de su vida para pasar a ser como un trofeo: es como que hay gente que quiere llevarse algo de vos. Y nadie te pregunta ni cómo estás, ni qué te está pasando.

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