domingo 25 de agosto de 2019 - Edición Nº1408
ExtraData » DEBATES » 26 jul 2019

Evita: variaciones de una melodía inmortal

"¿Es posible reescribir a Evita, ya no como texto literario sino como legado político?" se pregunta el autor. Interpelación, irreverencia y desafíos de una presencia indeleble.


Por: * Mariano Pacheco // revistazoom.com.ar

¿Desde dónde hablar de Eva? La pregunta viene desde el fondo de la historia, y de las bellas palabras escritas por Vicente Zito lema, quien tituló así uno de sus poemas. ¿Desde dónde y para qué, entonces? O más bien: ¿cómo reescribir a Evita, ya no como texto literario, sino como legado político, que contribuya a asumir con mayor firmeza los desafíos que la época impone?

Eva sentenció en la década del 50: “el peronismo será revolucionario o no será nada”. El peronismo (o al menos algunos de sus contornos) fue revolucionario en los años 70 y nada (al menos como identidad popular con vocación de cambio) en los años noventa, cuando en su nombre un oscuro personaje llevó adelante un verdadero peronismo del revés (ni socialmente justo, ni económicamente libre, ni políticamente soberano).

El peronismo siempre fue un fenómeno ambivalente: fue rebelión y burocracia, y Evita –siempre– memoria popular activa en disputa con sus momificadores. Por eso su nombre suele ser de los más invocados del movimiento, incluso –mucho a veces—más que lo que se invoca el nombre del propio fundador.

Evita apasionada, despertó siempre apasionadas reacciones: fervor de admiradores, odio de impugnadores. Cuando los gorilas pintaban “Viva el cáncer”, con ella padeciendo profundos dolores en la cama, se vengaban de su irreverencia: no sólo la de instaurar el criterio de la dignidad de la justicia social frente a la infamia de la caridad, sino también la de haber osado la lengua del desafío: la de una Eva diciendo a los oligarcas que se cuidaran de atacar, porque ella no iba dejar en pie “un solo ladrillo que no fuera peronista” si esto sucedía.

De allí que Evita comprara armas para entregar a los trabajadores, vía la CGT, bajo el anhelo de conformar milicias populares que defendieran lo conquistado cuando comenzaran los ataques. Porque los ataques –ella lo sabía bien– más temprano que tarde iban a llegar.

El peronismo se decretó fallecido en más de una oportunidad, pero como de manera brillante supo decir en los setenta el filósofo marxista Carlos Olmedo (también militante e incluso comandante guerrillero), el peronismo no es un club o un partido político, como cualquiera, sino “una experiencia de nuestro pueblo”, y como toda experiencia, nunca es igual a sí misma, y siempre es susceptible de ser reactualizada en otra clave. De allí que peronismo haya sabido ir hasta el infinito, y más allá.

Nota completa acá

Ensayista y comunicador popular, nacido y criado en la Zona Sur del Conurbano. En la actualidad vive en la ciudad de Alta Gracia, provincia de Córdoba.Twitter: @PachecoenMarcha

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