domingo 16 de junio de 2019 - Edición Nº1338
ExtraData » ENTREVISTAS » 24 may 2019

La posición de los artistas frente al terrorismo de Estado

Marcelo Lombardero es el director de las obras "Colaboración" y "Tomar partido", del sudafricano Ronald Harwood, reunidas en un solo espectáculo que protagonizan Osmar Núñez y Boy Olmi, que se verán en breve en la sala Casacubertra del Teatro San Martín.


El elenco se completa con Lucila Gandolfo, Néstor Sánchez, Sebastián Holz y Romina Pinto, con Vicky Gaeta en canto, Mariano Manzanelli en piano y Agostina Sémpolis en violín.

Harwood es el autor de la obra "El vestidor" y de los guiones de "El pianista" y "Oliver Twist", de Roman Polanski, y "Una lección de vida", de Mike Figgis, entre otros trabajos.
"Estas obras son parte de las obsesiones del autor que también son las mías; por un lado la música como forma y por otro la posición del arte y los artistas frente a la dictadura y el terrorismo de Estado", dijo el maestro Lombardero. 

"Ambas están pensadas casi como una unidad y existen paralelismos concretos y vasos comunicantes que potencian tanto el discurso como su mensaje de ambas. Las estructuras son similares: seis actores en cada una y personajes reales y situaciones históricamente documentadas llevadas a la escena con una asombrosa rigurosidad", apuntó.

-¿Se nota en ellas la tarea de Harwood como guionista de cine?
Marcelo Lombardero: "Colaboración" tiene una estructura casi de guion cinematográfico con escenas breves y cambios de situación y avance del tiempo, la acción comienza en 1931, antes de la asunción de Adolf Hitler, y 1948 en la posguerra, la época de los procesos de desnazificación. "Tomar partido" es una pieza más expresionista, emplazada en un espacio y tiempo determinado, 1946, unos meses después del fin de la guerra.

-¿Quiénes son los protagonistas de "Colaboración"?
ML: Dos personalidades inmensas y contrapuestas, Richard Strauss y Stefan Zweig; el primero uno de los hombres mas famosos y adorados de su tiempo, el compositor más talentoso, el compositor más famoso en el mundo, con una personalidad mas bien banal, egocéntrico y narcisista, que no puede relacionarse con el resto de los humanos. El otro, un humanista inmenso, un escritor celebrado y exitoso que es testigo de la decadencia y desaparición de todos los valores morales, culturales y sociales con los que cimentó su vida y su obra.

-¿Qué sucede en "Tomar partido"?
ML: Habla del proceso de desnazificación de Wilhem Furtwängler, el gran director de la Filarmónica de Berlín, la más importante orquesta del mundo, el producto cultural del III Reich. Una personalidad controvertida: por un lado defensor de judíos y del arte "degenerado"; otro el preferido de Adolf Hitler, que se quedó en la Alemania nazi, el mascarón de proa del régimen que tuvo privilegios únicos y la necesidad de los vencedores de escarmiento con figuras públicas.

- ¿Cuáles son los presupuestos éticos de la obra?

ML: Resistencia o colaboracionismo; ¿dónde se para un artista frente a la dictadura y el totalitarismo? ¿Qué es colaborar? ¿Es posible la resistencia desde adentro? ¿Es posible el arte en colaboración? ¿El arte puede salvarnos del horror? ¿Es posible la separación del arte y la política? Esos son los planteos de ambas obras que se funden en un solo espectáculo como una unidad.

-¿Sus antecedentes en la ópera le facilitan trabajar sobre esta puesta en particular?
ML: No específicamente, la música funciona solo como un paisaje dentro de las obras, no es teatro musical; se utilizan grabaciones de la época con una reconstrucción del sonido para intentar remedar la escucha de aquellos años.

Yo soy un director de escena y si bien vengo del terreno musical, específicamente de la ópera, creo que el género operístico es un género teatral con sus condicionamientos específicos, pero el texto musical es un texto con un lenguaje e idioma de la misma manera que una obra de prosa.

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