lunes 19 de agosto de 2019 - Edición Nº1402
ExtraData » DEBATES » 4 may 2019

El uso inteligente de la tecnología para mejorar la calidad de vida

Desde la formación de nuestro país hace más de 200 años, hubo momentos bisagra donde tuvimos que adaptar el país a la tecnología emergente, y que cambiaría el mundo.


Por: * Matias Iglesias

Así, de parte del Estado tuvimos la creación del registro civil, la instauración de la escuela pública, el fomento a la tecnología nuclear.

El ritmo de avance tecnológico no se ha detenido desde entonces. Más aún, a veces parece adquirir velocidades más vertiginosas, generación a generación la experiencia cotidiana se transforma a un ritmo que asombra. Y a veces nos preguntamos ¿Cómo se encontraba la gente cuando no había celulares? ¿Cuándo volvíamos a saber algo de los amigos que partían hacia una nueva vida en otra ciudad? ¿Cómo funcionarían las oficinas del centro sin emails? ¿Cómo se hacía un afiche sin computadora? Curioso, en una generación la vida ha cambiado más que en nuestros primeros 100 años de historia.

Sin embargo, entre los tantos líos que ocupan a los gobernantes día tras día, entre la inflación, la volatilidad y la próxima elección, poco lugar queda para problemas grandes y también urgentes que tenemos (como tratar la pobreza infantil y la calidad de la formación educativa) y muchísimo menos lugar hay para dar puntapiés iniciales en reformas que actualicen el Estado a lo que el siglo XXI ya nos a deja ver venir.

Hace poco tiempo no había computadoras. Las cosas eran en papel. Y claro que es un desafío, mucha de nuestra población nació y creció sin la computadora. Pero no sólo eso. La computadora no es papel en una pantalla. La computadora es una herramienta potente porque hace cálculos difíciles casi instantáneamente, y además funciona con tecnologías de transmisión de información, que vendrían a ser la evolución y combinación ultima del correo o el teléfono. Así, y al estar en poder de millones de personas en todo el mundo, ha abierto la posibilidad de que se invente hasta lo imposible.

Hoy quiero centrarme en un tema muy puntual y a la vez tremendamente importante. Hay organizaciones (normalmente se las llamaría empresas) que empezaron a usar información para lograr entre otras cosas mostrarnos lo que nos gusta en nuestro teléfono, vendernos más, optimizar qué taxi tiene que levantar a qué personas para que todos lleguen a su destino a tiempo combinando algoritmos e información, garantizar a millones de compradores que lo que clickearon por internet va a encontrar un recorrido a través de depósitos, aviones, barcos y calles hasta llegar a las puertas de las casas, reduciendo costos, tiempos y cobrándole automáticamente a cada parte un valor razonable. ¿Y qué pasa con nuestro Estado? La organización que nuestros antecesores crearon y pusieron en marcha para que los habitantes de este territorio tengan mayores posibilidades de progreso, orden, justicia, salud entre otras cuestiones.

Aprovechar los cambios tecnológicos va a traer ganadores y perdedores 

Muchos inspectores, secretarios y personal administrativo no se necesitan. Los taquígrafos no se necesitan. No hace falta llevar papeles, no hace falta que ocupen espacio. Pero tiene que pesar más lo que ganamos en calidad de vida. Logrando que no puedan estar los expedientes durmiendo en un cajón hasta que la persona asignada por las arbitrariedades de un sistema compilado con los años se encargue de pasarlos al cajón siguiente. Máxime cuando los trámites se frenan o se avanzan para satisfacer el interés de actores con poder. Entre otras cuestiones, una ciudad se tiene que tomar solo milésimas de segundo en obtener la información que necesita de otra ciudad, de una provincia o del Estado central. Las cuadras de pavimento no tienen porque resultar del arbitrio de los actores políticos, y la supervisión y control de obras públicas tiene que darse automáticamente, inevitablemente, y en conexión al resto de las partes del Estado. Podemos terminar con las colas en hospitales y centros de atención. Podemos disminuir las cantidades de presos que esperan que se defina su condena. Podemos detectar los talentos y asegurarles las becas. Podemos garantizar que una suba de tarifas no lleven familias a la pobreza.

Todas estas cosas, hace 20 años no eran posibles. Hoy sí lo son.

Estas posibilidades tienen que ver con que el Estado abrace y saque buen provecho de las nuevas realidades tecnológicas. Podemos tentarnos de pensar que no es una urgencia, pero nos equivocamos. Así como depositamos en el Estado funciones de seguridad, defensa, educación o salud, tenemos que asimilar y exigir que sea capaz de usar eficientemente un recurso que está destinado a controlar: la suma de nuestra información.

Que se entienda bien, tenemos que poder usar inteligentemente nuestra información para facilitarnos parte de la vida. En el sector privado, hay iniciativas que aprovechan este nuevo panorama tecnológico para hacer negocios mejorando la rentabilidad de otras empresas, dando servicios, comprando o vendiendo. Bienvenido sea, hagamos del Estado en el siglo XXI una organización que este a la altura de la capacidad de los millones de cerebros que integran la Argentina. Dejar atrás el hambre, darles buenas posibilidades de vida a nuestros ciudadanos y aún pasar a ser líderes en el mundo está en nuestras manos, tenemos las materias primas en la información y en la capacidad de nuestra gente. Tenemos por delante también el desafío de establecer sistemas que funciones y por los cuales nos van a agradecer generaciones venideras.

* El autor es Investigador & visitante en la Universidad de Harvard

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