jueves 25 de abril de 2019 - Edición Nº1286
ExtraData » DEBATES » 12 abr 2019

La ancha avenida de la derecha

La ajustada reelección de Benjamin Netanyahu marca el pulso de un país que se mantiene en tensión política en medio de un antiguo pero activo polvorín. Equilibrio extremo, la vía ortodoxa y el factor corrupción.


Por: María Laura Carpineta // revistazoom.com.ar

Las elecciones generales de Israel reforzaron el liderazgo de derecha del primer ministro Benjamin Netanyahu después de 10 años consecutivos en el poder y de sus aliados ultranacionalistas y religiosos, y lo convertirá en el jefe de gobierno que más tiempo gobernó el país, pero principalmente los comicios de esta semana cristalizaron una situación que muchos aliados internacionales no se animan aún a reconocer: una gran mayoría de la dirigencia y, por ende, de la sociedad israelí no apoya una solución de los dos Estados con palestinos, no le interesa reiniciar un diálogo de paz con ellos y no tiene entre sus intereses terminar con la ocupación militar de más de medio siglo sobre sus territorios.

Esto quedó demostrado no solo por la victoria del llamado bloque de derecha que componen el partido de Netanyahu, el Likud, y “sus aliados naturales” -como él mismo los calificó-, sino también por la derrota fulminante que sufrieron el tradicional centro y la izquierda israelí y la capitalización de votos opositores que consiguió la nueva coalición Azul y Blanco.

El nuevo frente opositor, creado hace solo unos meses, está liderado por tres ex comandantes de las fuerzas armadas y un ex ministro de Netanyahu, que en general evitaron el tema del conflicto con los palestinos durante la campaña y, cuando no pudieron esquivarlo, tuvieron posiciones erráticas como hablar de posibles concesiones de tierra y de “desarrollar económicamente” las ciudades palestinas, al mismo tiempo que reivindicaron haber enviado “de vuelta a la Edad de Piedra” a partes de la Franja de Gaza durante la masiva ofensiva militar que dejó miles de muertos y fue dirigida por el entonces comandante de las fuerzas armadas y el hombre que se presentó en estas elecciones como la contracara moderada de Netanyahu, Benny Gantz.

Pese a que los resultados definitivos aún no fueron publicados y las asignaciones de bancas podrían cambiar un poco, el nuevo escenario político-partidario de Israel es bastante claro, más de lo que se esperaba después de tres mandatos consecutivos de Netanyahu y del anuncio, hace solo cinco semanas, del fiscal general del país, Avichai Mandelblit, de que en los próximos meses impulsará el procesamiento del premier por corrupción y fraude.

Las dos principales fuerzas del parlamento serán el Likud de Netanyahu y la coalición Azul y Blanco de Gantz y el ex periodista y ex ministro, Yair Lapid. Cada uno tendrá 35 bancas en un pleno de 120 diputados.

El partido que les sigue, muy de lejos con 8 bancas, es Shas, el partido de los ortodoxos judíos sefaradíes y mizrajíes (originarios de Medio Oriente), y en cuarto lugar con siete asientos, Judaísmo Unido Por la Torá, otra formación ortodoxa, pero de judíos asquenazíes, es decir, originales de Europa central y oriental.

Recién en el quinto lugar aparece el primer partido que no pertenece ni responde al actual discurso hegemónico sobre el conflicto con Palestina: Hadash-Ta’al, una alianza formada por socialistas judíos y palestinos, con seis bancas. El partido que supo ser el protagonista indiscutido de la vida política israelí hasta 1977 y que aún en la última elección general mantuvo el segundo lugar, el Laborismo, esta semana quedó casi al fondo con apenas cinco bancas. Lo mismo obtuvo la tradicional fuerza de la izquierda, Meretz.

Tras negociar ministerios y prometer proyectos de ley, Netanyahu podría alcanzar una mayoría de 64 diputados al sumar también las cinco bancas que consiguió el partido de su ex canciller y ex ministro de de Defensa, Avigdor Lieberman, una de las voces más xenófobas de sus sucesivos gabinetes, y las otras cinco que obtuvo la Unión de Partidos de Derecha, liderada por el ex rabino jefe de las fuerzas armadas israelíes Rafi Peretz y compuesta por colonos religiosos y por el extremista partido Otzma LeYisrael.

Además, están los cuatro diputados de Kulanu, una escisión del Likud que se convirtió en la única formación cercana al primer ministro que no es ortodoxa o considerado abiertamente de derecha.

El último partido que entró en el parlamento es la alianza palestina entre Lista Árabe Unida y Balad, con cuatro bancas.

* Periodista especializada en política internacional. Licenciada en Ciencia Política (UBA). Magister en Seguridad Internacional (Sciences Po)

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