jueves 25 de abril de 2019 - Edición Nº1286
ExtraData » DEBATES » 9 abr 2019

Aumento de la pobreza

¿Por qué no estalla?

La pobreza aumentó en 2018 pero la crisis no termina de desatarse. Las redes que sostienen las organizaciones territoriales desde hace 20 años y los programas sociales del gobierno funcionan como colchón de contención. Y los sectores populares saben, a diferencia de 2001, que si hay estallido lo pagan ellos.


Por: Tali Goldman Ilustración Enzo Rodríguez Suárez // revistaanfibia.com

Micki dividía en tres la plata que ganaba revolviendo basura y separando el cartón. Una parte para comprar la comida diaria para sus cuatro hijos; la segunda para pagar el camión que la trasladaba a ella y a su carro desde Villa Fiorito hasta la zona de Barrio Norte en la Ciudad de Buenos Aires —allí se conseguía mejor mercadería—; y la tercera estaba destinada exclusivamente al pago de coimas a la policía a cambio de que no le retuvieran la mercadería.

Haber salido a cartonear fue su última opción después de que echaran a su marido que trabajaba como chofer en el Casino de Puerto Madero. Con el sueldo de Marcelo y algunas changas, Micki vivían una vida digna en uno de los enclaves más populares de Lomas de Zamora. Creyó que el cartoneo iba a ser temporal. Mejor dicho: deseaba que la experiencia diaria de revolver los desechos junto a sus hijos — los cuatro pibes la acompañaban todos los días— fuera tan solo un mal sueño. Pero la pesadilla de 2001 para Micki y Marcelo, revolver cartón en una Argentina con niveles extremos de pobreza y desocupación, duró más tiempo de lo imaginado.

Durante siete años la modalidad de cartonear siguió siendo más o menos la misma, aunque en los barrios y en las villas las organizaciones sociales— nacidas al calor de aquel estallido en donde el piquete y la cacerola fueron los protagonistas de jornadas sangrientas— comenzaban a pensar cómo canalizar la demanda de este grupo de hombres y mujeres dedicados a remover desechos llevando carros de hasta 320 kilos. Así nació en 2007 el germen del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).

La primera victoria como organización fue lograr —a fuerza de marchas, reclamos y movilizaciones— que el Gobierno de la Ciudad, en ese entonces comando por Mauricio Macri, les garantizara transporte gratuito para el traslado de Villa Fiorito a Buenos Aires y que eso fuera regulado por el Estado local para eliminar los sobornos. Después de siete años Marcelo volvió a su oficio como chofer y se puso al volante del camión Nº1 que trasladó, entre otros, a Micki. La plata que ganó ese día y la del resto de los días no tuvo que dividirla. Todo fue a un único destino: más comida para sus pibes.

Micki y Marcelo siguen viajando todos los días desde Villa Fiorito hasta la capital. Ya no van a cartonear a Barrio Norte sino a trabajar a Parque Patricios donde funciona la cooperativa Amanecer de los Cartoneros, la más grande de Sudamérica, con más de 3.500 asociados. Ambos trabajan en la planta de reciclaje donde comparten la tarea con otros 200 compañeros. Sumado a ellos están los 800 cartoneros que van diariamente a buscar material para llevarlo a la planta que luego se procesa y se revende a la industria como materia prima. Además del salario social que perciben del Gobierno de la Ciudad (que oscila los 6000 pesos) tienen la obra social otorgada por la Corriente de los Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), el sindicato que nuclea a varias organizaciones de la economía informal. Los hijos de Micki y Marcelo también trabajan en las cooperativas del MTE. Algunos en la de Parque Patricios otros cerca de su barrio, en Lomas de Zamora.

Los últimos datos del INDEC arrojaron que la pobreza llegó al 32 por ciento, una cifra que implica 2,7 millones de nuevos pobres. Micki y Marcelo no necesitan saberlo: son pobres. Lo perciben, además, cuando cada día se acercan tres o cuatro personas a la cooperativa a pedir trabajo, a ofrecerse para cartonear.

No necesitan saber que la cantidad de chicos pobres de entre 0 y 14 años aumentó de 39,7 por ciento en el segundo semestre de 2017 a 46,5 a fines de 2018. Lo ven todos los días cuando más y más pibes llegan a pedir un plato de comida a los comedores o merenderos del MTE en los barrios.

—Sin la cooperativa y sin la organización yo seguiría siendo una escoria, una ciruja. Para mí 2001 fue la humillación más grande de toda mi vida. Yo no quiero un estallido social. Yo quiero al pueblo unido en un solo grito: Basta – dice Micki.

Tali Goldman // CRONISTA
Egresada del CNBA y politóloga de la UBA. Trabajó en Télam, Revista 7 días, revista Veintitrés y el diario El argentino Zona Norte, entre otros. 

Enzo Rodríguez Suárez // ILUSTRADOR
Trabajó como reportero gráfico para periódicos y editoriales. Actualmente, en una mixtura entre artes y oficios, elabora una amplia producción de portadas de libros, libro arte, piezas comerciales y revistas. Como artista visual, realiza muestras individuales y grupales.

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