viernes 19 de abril de 2019 - Edición Nº1280
ExtraData » DEBATES » 11 feb 2019

Perfil de Patricia Bullrich

La conversión de la piba

Galimberti fue su padrino de militancia durante los setenta. Vivió en el exilio, donde fue asistente del politólogo Guillermo O'donnell. Volvió clandestina y embarazada al país.


Por: Andrés Fidanza // Ilustración Sebastián Angresano

Con el regreso de la democracia formó parte de la reconstrucción del peronismo, y de su corrimiento hacia la derecha. Más tarde fue funcionaria de De La Rúa y hoy una de las ministras con mejor imagen de Macri. El cronista Andrés Fidanza cuenta la transformación de Patricia Bullrich: de la familiaridad con Montoneros a los acuerdos con la CIA y la obsesión por mostrar que ya no es lo que alguna vez fue.

Fue la primera oradora en el acto de la Juventud Peronista del Luna Park. Tenía 27 años, manejaba una unidad básica en San Telmo y había sido una de las organizadoras del evento. Era mediados de 1984, y el peronismo todavía se mantenía en estado de shock por la derrota ante el alfonsinismo.

Su “cooompañeros” de apertura reverberó en el estadio y rompió un hielo político acumulado durante años, tanto por ella como por los demás sobrevivientes a la dictadura. En 1977, Patricia Bullrich Pueyrredón se había escapado junto a su primer esposo, el militante montonero Marcelo “Pancho” Langieri, el papá de su único hijo: Francisco. El exilio se les había transformado en un periplo opresivo, con rebotes por México, España y Brasil, y un regreso clandestino a la Argentina en 1978 con Bullrich embarazada. La vuelta definitiva fue desde Brasil, a fines de 1982.

Aquel acto del Luna en el 84 marcó otro hito: el primer encuentro de la JP unificada desde 1974. Tras una década de silencio forzado, de convivir con el peligro, con la paranoia y la muerte, de esconderse bajo el alias de Carolina Serrano, Bullrich habló en público. Fue su debut en el micrófono ante una muchedumbre. ¿Cuántas personas asistieron esa noche? Unas 40 mil, según el cálculo a ojo que hizo su referente político de aquellos días: Pablo Unamuno, que se convertiría en el vocero en democracia del jefe montonero Mario Firmenich. Y quien, desde ese papel, negociaría con Carlos Menem el indulto a Firmenich. Para Rodolfo Galimberti, en cambio, la estimación de Unamuno era un poco exagerada. “Habría unas 20 mil”, le dijo a Bullrich.

Galimberti había sido el líder montonero de la llamada Columna Norte, que cubría las localidades bonaerenses de Vicente López y Tigre. Y en 1975 había protagonizado la operación más audaz de ese grupo guerrillero: el secuestro del empresario Jorge Born. Muchos años antes de ser socio y amigo de Born, el Tano Galimba fue su carcelero.

Una vez terminado el acto del Luna, Galimberti y Bullrich fueron a comer a bordo del Peugeot 404 de él. Si bien ella era una suerte de discípula de Galimba, tenían un trato directo y de mucha familiaridad. La Piba se mantuvo bajo la órbita de su mando por varios años: antes, durante y después del golpe de Estado de 1976.

Incluso le copió algunas mañas, contactos y modos imperativos. La relación de Galimberti con la conducción nacional de Montoneros fue zigzagueante y derivó muchas veces en desconfianza mutua. Y Patricia lo siguió por continuidad vertical en cada etapa.

Además de compañeros en la aventura setentista, La Piba y El Loco eran cuñados. Lo habían sido hasta el año anterior, en realidad: la hermana mayor de Patricia, Julieta Bullrich, fue pareja de Galimberti en el exilio francés. Era monto como Galimba. Hasta que en agosto de 1983 murió en un accidente de tránsito, en una ruta de las afueras de París. Manejaba el ex jefe montonero a toda velocidad (era uno de los sellos de su personalidad), cuando chocaron con una camioneta del correo. Julieta tenía 28 años.

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