jueves 17 de enero de 2019 - Edición Nº1188
ExtraData » DEBATES » 14 dic 2018

Los tres liderazgos internacionales que se disputan el mundo

El 2018 estuvo marcado por dos grandes disputas de dimensión mundial, la guerra comercial entre China y Estados Unidos más la renovada retórica de Guerra Fría entre Washington y Moscú. Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jiping fueron los principales protagonistas.


La guerra comercial que tiene en vilo a los principales inversores internacionales, a industriales y empresas agrícolas de las dos máximas potencias económicas del mundo comenzó con el estilo más tradicional de Trump, con poca diplomacia. Tras meses de tuits agresivos y declaraciones que acusaban al gobierno chino de "robar", de "falta de honestidad" y "manipulación" en su política comercial, Trump anunció la primera tanda de aranceles a importaciones chinas.

También fiel a su estilo, Xi respondió de inmediato: con determinación, respetando uno de los principios del derecho internacional más reconocidos -la reciprocidad-, conservando siempre su bajo perfil y su modo diplomático, y con una denuncia ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), la heredera del GATT, la institución creada con el auspicio de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial para defender el libre comercio.

Los dos líderes entraron en una escalada dominada por la lógica ojo por ojo y empujada siempre por la iniciativa de Trump, quien este año osciló, de manera contradictoria, entre un discurso nacionalista y proteccionista que eligió a China como el fantasma que amenaza el lugar de Estados Unidos como país más poderoso del mundo, y uno de cooperación y multilateralismo para iniciar un diálogo con Corea del Norte.

Mientras Trump transitaba esta contradicción sin intentar disimularla con amenazas y críticas, y halagos y agradecimientos explícitos en sus tuits cotidianos; Xi evitaba entrar en una guerra personal con su par estadounidense y delegaba las respuestas a funcionarios de segundo y hasta de tercer nivel y, principalmente, a la adopción de medidas concretas.

La presión internacional de inversiones y empresas transnacionales logró que en el mes previo a la cumbre del G20 en Buenos Aires Trump asumiera algunas de las características del liderazgo de su par chino y dejara de lado el tono bélico.

La cumbre del G20 volvió a demostrar la ambivalencia que mejor describe a Trump. Por un lado, dejó en un lugar muy incómodo a su aliado y anfitrión de la cumbre, Mauricio Macri, al incluirlo unilateralmente en sus críticas a la política comercial china. Por otro lado, se sentó en una mesa enfrente de Xi y acordó una tregua de 90 días para la escalada arancelaria.

La gran incógnita ahora es cuál de los dos liderazgos primará en marzo cuando termine la tregua: ¿la impulsiva necesidad de Trump de someter a sus rivales y presentarse como ganador en cada pulseada o el pragmatismo negociador de Xi?

La forma de gobernar del presidente Trump también marcó el ritmo de otra escalada que ya preocupa a sus aliados y a los máximos expertos de Defensa en el mundo.
Con la misma poca diplomacia y falta de diálogo, el mandatario estadounidense acusó este año a Rusia de violar el Tratado de Fuerzas Nucleares de Mediano rango (INF por sus siglas en inglés), firmado en 1987, en el ocaso de la Unión Soviética, para poner un freno a la carrera armamentista de las dos superpotencias durante la Guerra Fría y que militarizó gran parte de Europa.

En concreto, el INF permitió la eliminación de casi 2.700 misiles de corto y mediano alcance y reducir la militarización de Europa tras más de 40 años de Guerra Fría. Como lo hizo en Unesco y con el Acuerdo de París contra el cambio climático y el tratado de libre de comercio conocido como Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, Trump anunció el 20 de octubre que Estados Unidos abandonaría unilateralmente el acuerdo.

El gobierno ruso de Putin negó la acusación estadounidense, llamó a la Casa Blanca a discutirlo, pero el encuentro entre los dos mandatarios nunca se concretó, ni siquiera cuando compartieron escena en el G20 en Buenos Aires o durante la conmemoración del fin de la Primera Guerra Mundial en Francia unas semanas antes.

Trump hecho mano otra vez a su discurso nacionalista y la identificación de Rusia y China como las dos grandes amenazas que se están armando, mientras ellos respetan los límites acordados y refrendados hace solo unos años con Barack Obama.

Putin, como Xi, gobierna con determinación y objetivos claros. Sin embargo, a diferencia del mandatario chino, el ruso no duda en ponerse al frente de disputa verborrágica con otro líder internacional o dejar de lado la diplomacia y desplegar el músculo militar del Kremlin.

Sin embargo, esta vez Putin no lo hizo, lo que hace sospechar que esta escalada verbal con Trump no perjudica realmente sus intereses.

Mientras líderes y expertos europeos advierten sobre una nueva carrera armamentista que afectaría principalmente a su continente, en este caso no hay poderes económicos internacionales que presionen a los dos líderes que se miden en esta pulseada y que no parecen tener ningún interés real de frenarla.

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