lunes 10 de diciembre de 2018 - Edición Nº1150
ExtraData » DEBATES » 3 dic 2018

Del G20 al G2

De Washington a Pekín

El G20 comenzó con Trump y su clásico desprecio a las cumbres -muy rendidor entre sus votantes- y terminó con los acuerdos de Xi Jinping y Macri. El gobierno, aliado acrítico de Estados Unidos desde 2016, pareció tomar nota del complejo proceso de transición hegemónica que va de Washington a Pekín. ¿Es posible jurar fidelidad a dos contendientes que se enfrentarán política y económicamente durante los próximos años?


Por: Leandro Morgenfeld // Ilustración Juan Soto

La visita del imprevisible e iconoclasta presidente estadounidense era la más esperada y temida por la cancillería argentina de cara al G20. A sus ojos, la suerte de la cumbre dependía de su actitud. El Palacio San Martín no ahorró gestos hacia el inquilino de la Casa Blanca. Si con la ex canciller Susana Malcorra se cuidaban las formas para que el alineamiento con Washington no se asociara directamente a las relaciones carnales de los años noventa, con su sucesor, el experto en protocolo Jorge Faurie, ya no se disimula. Hace un mes se imaginó una visita de 3 o 4 días. Fueron menos, pero vino, para alivio de la diplomacia de Cambiemos.

El magnate norteamericano aprovechó cada gesto y oportunidad para, con el histrionismo que lo caracteriza, menospreciar la cumbre del G20 e incluso al presidente anfitrión. Repasemos. No sólo declinó la anunciada cena de gala en la Quinta de Olivos, originalmente programada para el día jueves.

El viernes debía presentarse a las 6.55 en la Casa Rosada para un desayuno y reunión bilateral, pero lo hizo esperar media hora a Macri. Trump usó esa primera mañana argentina para tuitear con rabia contra el Fiscal Especial Robert Mueller, quien lo investiga por la “trama rusa”.

En los pocos segundos que posaron frente a la prensa, no ocultó su malhumor por el aparato que le transmitía la traducción simultánea (lo arrojó al piso, fastidiado) y después apenas dijo un par de frases de ocasión, recordando lo apuesto que era Macri a principios de los ochenta y a su padre Franco. La reunión bilateral fue breve y, rompiendo una tradición, no hubo ni comunicado ni conferencia de prensa conjuntos (hasta Néstor Kirchner y George W. Bush la tuvieron en 2005 en Mar del Plata, en la bilateral que antecedió la Cumbre de las Américas en la que se sepultó al ALCA).

Lo que sí hubo fue una polémica declaración de la vocera de Trump, Sarah Huckabee, que generó un roce bilateral de alto impacto. Afirmó que ambos mandatarios habían repudiado el accionar económico depredatorio de China. Faurie, para no enturbiar la visita de estado de Xi Jinping, tuvo que salir a desmentirla. El viernes al mediodía, Trump fue el único que faltó –salvo Angela Merkel, por el desperfecto de su avión- a la reunión a solas de los líderes (“El Retiro”), que es cuando discuten sin asesores sobre los temas más complejos y controvertidos. Luego de esos 90 minutos, por fin llegó a Costa Salguero. Allí regaló un meme: dejó a su “amigo Mauricio” parado, solo, sobre el escenario. Trump fue 100% Trump.

El G20 dejó pocas novedades vinculadas a la relación bilateral Argentina-Estados Unidos. Macri ratificó su agradecimiento por el apoyo en la negociación con el FMI. Trump prometió financiamiento a inversores estadounidenses interesados en Vaca Muerta y en obras de infraestructura, por unos 800 millones de dólares y a través de la OPIC, el demorado acceso de las carnes al mercado estadounidense (prometido a mediados de 2015, tras la demanda iniciada por la Argentina en la OMC) y abrió la posibilidad de estudiar las restricciones al biodiesel, que desde hace un año bloquearon exportaciones al país del norte por 1.400 millones de dólares.

A cambio, Macri continuará con la subordinación económica, política, ideológica, cultural y militar a la agenda de Estados Unidos en la región, con el compromiso en aislar y agredir a Venezuela, seguir abonando a la fragmentación regional (Argentina se retiró de la UNASUR y ninguneó la CELAC, además de suspender a Venezuela del Mercosur) y profundizar la penetración de las fuerzas armadas y las agencias de inteligencias, que tienen en los ministros Oscar Aguad y Patricia Bullrich dos aliados incondicionales.

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