martes 20 de noviembre de 2018 - Edición Nº1130
ExtraData » DEBATES » 2 nov 2018

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Mercosur: Bolsonaro y después

El presidente electo del Brasil y su futuro superministro de Economía pusieron en duda la continuidad del Mercosur. Oportunidad, posibilidades y consecuencias de una decisión que puede sepultar la integración regional. Y a la tambaleante economía argentina.


Por: * Adrián Murano (@adrianmurano) // revistazoom.com.ar

Si la primera impresión es lo que cuenta, las palabras y los gestos iniciales del presidente electo del Brasil, Jair Messias Bolsonaro, y su ministro de Economía, Paulo Guedes, pusieron en duda la continuidad de una de las pocas políticas multilaterales de Estado en la región: el Mercosur.

“La Argentina no es una prioridad; el Mercosur tampoco es una prioridad”, dijo Guedes pocas horas después del balotaje. Su jefe abonó esas palabras al anunciar sus primeros pasos internacionales como presidente electo: visitará Chile, Estados Unidos e Israel. Ninguno de los tres, claro, es socio pleno del bloque regional. Por el contrario: Chile -asociado adherente- es el paladín latinoamericano de los tratados de libre comercio, mientras que Israel y EE.UU. -sobre todo desde la irrupción de Donald Trump- prefieren los acuerdos bilaterales a los bloques.

¿Es posible que Brasil rompa o flexibilice las condiciones de pertenencia al Mercosur? ¿Cómo impactaría esa novedad en la alicaída economía argentina?

Un poco de historia

El Mercosur nació con el retorno de la democracia. Argentina y Brasil firmaron el Acta de Foz de Iguazú en 1985. El acto se constituyó en la piedra basal del bloque, al cual luego -en 1991- se sumarían Paraguay y Uruguay, y más tarde Venezuela, hoy excluido.

En Iguazú, las dos grandes potencias de América del Sur crearon un acuerdo marco de cooperación económica que perseguía, como objetivo inicial, la eliminación de la rivalidad económica, política y militar, la apertura comercial recíproca gradual y equilibrada, y el desarrollo industrial y tecnológico. Pero hubo que esperar al año 1994 para que esas aspiraciones tuvieran un correlato en la letra, con la adopción del Arancel Externo Común (AEC).

El AEC fue una herramienta clave en el proceso de integración regional. Como indica su nombre, implica la existencia de un arancel común de importación a todos los países que integran el bloque frente a terceros. La función del AEC ha sido principalmente la de tener una política arancelaría coordinada para la mayoría de los productos frente a terceros países, favoreciendo el comercio intra regional.

La idea original del AEC era que se aplicara para la totalidad de los productos comprendidos en el Nomenclador Común del Mercosur (NCM) -unos 9.871 posiciones arancelarias-. Sin embargo, desde sus comienzos los países excluyeron productos, inscriptos en listas de excepción.

Así las cosas, de 1994 a 2000 se autorizó a la Argentina, Brasil y Uruguay a excluir como máximo a 300 productos, y a Paraguay hasta 399 productos. Desde 2001, esa cantidad de productos ha variado. Hoy son unos 100 los ítems de la NCM temporariamente exceptuados del AEC para Argentina y Brasil, 225 para Uruguay y 649 para Paraguay.

Aún con parches y dificultades de aplicación, las AEC son el corazón del Mercosur. Y hacia allí apuntan los misiles económicos de Bolsonaro, un ex militar que en campaña exhibió una exótica cruza de retórica fascista y programa neoliberal.

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