jueves 13 de diciembre de 2018 - Edición Nº1153
ExtraData » MUNDO » 8 oct 2018

#Brasil

Analistas de EEUU ven a Jair Bolsonaro como un dirigente imprevisible

Expertos vaticinan que coincidirá con Trump en ser "extremadamente duro" con Venezuela, pero "caótico" para la economía regional. Temen un gobierno malo para América latina.


 

Amparado por los grandes medios y el voto de un amplio sector acomodado de la sociedad brasileña aunque potenciado por los agrupamientos que priorizan los derechos civiles por encima de las luchas económicas y sociales, el liberal Jair Bolsonaro se impuso en la primera vuelta de los comicios brasileños. Sin embargo, habrá segunda instancia. El Partido de los Trabajadores liderado por el artificialmente detenido Lula –cuya candidatura hubiera logrado una apreciable victoria- alcanzó el 29 por ciento de los sufragios y se posicionó hacia el ballotage.

Bolsonaro, un fabuloso invento mediático destinado quebrar verticalmente un país que ya había escogido su destino al asumir el quiebre horizontal, alcanzó el 46 por ciento de los votos. Mientras los tontos medios progresistas brasileños y argentinos siguen caracterizando al ganador por hostigar al movimiento lésbico gay trans y homosexual, miles de brasileños que venían respaldando al PT afirman haberlo votado, precisamente, por eso. En una tremenda y nítida demostración de impericia electoral, el campo popular del país vecino resignó una victoria trascendente.

Los analistas menos avisados, insisten, luego de la primera vuelta, en brindar aire a Bolsonaro al calificarlo como el “Trump brasileño”. Sin embargo, el vulgar decidor con amplificador de O Globo no es más que un entreguista antipopular que anhela privatizar las principales fuentes de recursos del Brasil para garantizar una operatoria de negocios al frente del Estado como lo ha sido el macrismo en la Argentina. Esto es, contra toda política industrial y activa, Bolsonaro propone el ahorro como eje, para garantizar la transferencia de recursos desde el área productiva –formidable en el vecino país- hacia la renta y la fuga.

Fernando Haddad, el candidato del PT, no fue mucho más allá de la condena de Bolsonaro por su autoritarismo, en vez de encabezar una enérgica campaña que diera cuenta de los diez años de crecimiento económico y social brasileño, y situar la esperanza de un futuro auspicioso de trabajo para todos mediante su gestión. Así, recibió el cachetazo de votantes petistas, quienes comparten la acción registrada por Lula al frente del Poder Ejecutivo, pero desdeñan las costumbres citadinas a las cuales consideran ajenas a sus tradiciones y sus valores morales referidos a la sexualidad. Contrariamente a lo realizado por el líder metalúrgico para su arribo al poder, Haddad contrastó con la religiosidad de base, decisiva en la cultura popular brasileña.

Así las cosas, habrá nuevos comicios el 28 del mes en curso. El humilde nordeste se mantiene de pie junto al PT y aguarda mejores tácticas para acrecentar su caudal por parte de una conducción centralizada opacada por conceptos socialdemócratas europeos. Si las cabezas que acompañaron al sindicalista en su primer tramo despiertan y logran protagonismo, no es imposible revertir el panorama. La actitud de Ciro Gomes, con un 13 por ciento de los sufragios, será un asunto importante en esa definición. El emerger acelerado de medios de comunicación genuinos, a los cuales la gestión previa no prestó atención, también.

 

Juan Carlos Hidalgo, analista para América latina del Cato Institute, de la capital estadounidense, ve con inquietud indisimulada un posible ascenso de Bolsonaro a la presidencia. "Es algo que era difícil de imaginar y lo cierto es que ahora estamos ante un sociópata, ante un hombre con patologías bien reconocibles, que tiene muy buenas posibilidades de acceder al poder", afirma.

Los riesgos, señala Hidalgo a Infobae, tienen que ver con la salud de las instituciones brasileñas. "Si Trump generaba ciertos resquemores por algunas de sus posiciones a pesar de los pesos y contrapesos que prevé el sistema democrático en Estados Unidos, en Brasil esos frenos al poder presidencial son más débiles, y estamos ante un demagogo peligroso, que resalta los valores de la dictadura", advierte.

Inquietud es el sentimiento más extendido entre los analistas norteamericanos. Tanto por lo que una presidencia de Bolsonaro podría significar internamente para los brasileños como por el curso que pueda adoptar en materia de política exterior. El peso regional de Brasil no pasa inadvertido: todavía es -pese a la crisis que arrastra desde hace cuatro años- la octava economía del planeta. Además es la segunda potencia militar del hemisferio y comparte fronteras con casi todos los países de América del Sur.

Es decir, a ninguno de sus vecinos les resultará indiferente el resultado del ballottage, dentro de tres semanas, y la región enfrenta ya desafíos sumamente serios, que exigen un alto grado de cooperación. En primer lugar, el caso de Venezuela, con la acuciante crisis de migrantes que provocó el chavismo.

"Temo que Bolsonaro frene los procesos regionales que están en marcha, que militarice la frontera con Venezuela y deje de coordinar una respuesta con los otros países de la región", señaló Benjamin Gedan, experto en América latina del Woodrow Wilson Center, de Washington.

Peter Schechter, otro reconocido experto en la región, director del programa Altamar, expresó a Infobae ese mismo temor. Bolsonaro, dijo, "podría ser otro líder brasileño al que no le interesa América latina, salvo lo que ocurra en Venezuela. Creo que va a ser extremadamente duro con Venezuela, va a intentar desestabilizar al régimen y en eso va a coincidir con Trump", señaló.

Mark Jones, experto en América latina de Rice University, de Texas, imagina un gobierno de Bolsonaro "ineficaz y caótico" por la falta de cuadros políticos que tendrá para ocupar los cargos más importantes de un muy probable gobierno. El candidato del PSL no tiene la estructura partidaria necesaria para asumir la gestión de un pais como Brasil y es un misterio quiénes podrían ser sus ministros y sus secretarios.

Más aún, Bolsonaro hizo campaña desde la antipolítica y no puede ahora convocar a dirigentes de la política tradicional brasileña. "Ese caos puede ser malo para la región y, en especial, malo para la Argentina, que necesita desesperadamente volver a crecer", señaló Jones.

Ese es otro posible paralelo con Trump. Al presidente norteamericano le llevó buena parte de los casi dos años que lleva en la Casa Blanca completar cargos claves de su administración. Pero si Trump heredó una economía en franco crecimiento, lo que le facilitó navegar esa transición sin mayores inconvenientes, Bolsonaro recibiría sólo problemas. Y según Hidalgo, tan grandes son esos desafíos que, sólo como muestra, predice que "si Brasil no hace la reforma previsional que es necesaria, enfrenta la bancarrota".

Parte de la hoja de ruta del ganador de ayer quizá se conozca en los próximos días, en la recta hacia la segunda vuelta electoral. Schechter cree que si Bolsonaro no quiere que Haddad acorte distancias "deberá decir algo más sobre lo que piensa hacer". Eso podría disipar los temores que hoy tienen los analistas o, por el contrario, confirmarlos. Este tipo de líderes, advirtió el experto, "muchas veces creen que redoblar la apuesta es lo que más les conviene".

 

 

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