viernes 19 de octubre de 2018 - Edición Nº1098
ExtraData » DEBATES » 28 sep 2018

Un pañuelo que diga poliamor

El caso "Florencia Peña/Poliamor" dejó de ser de Florencia Peña y tuvo efecto contagio. Del programa de Tinelli saltó a sobremesas, chats, charlas de pareja y confesiones con la almohada. Es que el poliamor tienta; es que el poliamor asusta. Por qué nos interpela de este modo la chance de tejer otro tipo de vínculos. Y cuánto tiene que ver este revuelo con la ciudadanía sexo-afectiva promovida por los movimientos feministas y LGBT.


Por: * María Mansilla Ilustración Julieta De Marziani // revistaanfibia.com/

Los analistas que hacen encuestas políticas en épocas preelectorales avisan: nunca creas en los resultados. Dicen que esos resultados mienten tanto como las pesquisas que intentan desnudar hábitos sexuales. Lo escuché en un podcast de Revista Piauí que hablaba de la coyuntura brasileña.

La fuente explicaba que en este tipo de sondeos, la mayoría de los entrevistados se muestran progres, a favor de candidatos nobles y humanistas. Pero que luego, en la intimidad del cuarto oscuro, hay que ver quién gana las elecciones, qué laberintos caprichosos toma el deseo, quién provoca, quién conviene, quién se vuelve irresistible pese a las razones alojadas en la biblioteca y en la ideología. Cada cual ejerce el derecho a decidir dónde poner el voto, el cuerpo y el corazón.

El caso “Florencia Peña/Poliamor” saltó de la pantalla de Tinelli a tuiter, y de ahí a las sobremesas, a los chats, a las charlas de pareja y a las confesiones con la almohada. Interpeló subjetividades.

Es que el poliamor tienta: desafía al mandato de la monogamia y a la policía de la familia tipo. Da por hecho el consentimiento y el respeto a los acuerdos. Su punto de partida es aceptar que se puede amar y/o desear a dos o más personas a la vez. Teje una nueva realidad sexopolítica. El poliamor asusta: esta irrupción hace ruido, sacude, cuestiona. ¿Es una cuestión moral o cultural? ¿Y los celos? ¿Blanqueo el mercado negro del placer? ¿Si me gusta, soy superadx u oscurx? ¿Cómo se lo cuento a mi abuela?

—Mi guapo, mi guapito, que no eres mío -canta Bebe-. Pero contigo quiero hacer mi nido.

Esta forma de vincularse tiene sus variantes y parientes cercanos: amor libre, pareja abierta, anarquismo queer… Tiene un libro en común: Ética Promiscua. Algunos pactos incluyen lista única de amantes; otros, cortes de boleta. También hay que bancarse el balotaje.

Y se acepta el voto en blanco, ya que las personas asexuales también pueden jugar el juego. Igual que las solteras. Una ensalada. Variaciones sobre el amor y el deseo. Para más detalles, el glosario de la web de la comunidad del amor libre. Las constelaciones son complejas, y sus militantes explican: “Si fuera solo calentura, sería más fácil”.

La fantasía morbosa desde el mundo paki-monógamo es que viven en estado de orgía permanente. “¡Sabemos que flashean con eso! -avisa Deb Barreiro, activista-. Pero es al contrario, nosotres jodemos tipo acá nadie coge. Al sexo es una actividad más. Está presente, no es tabú pero no se le da tanto poder. Lo importante de coger es el consentimiento.”

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