jueves 20 de septiembre de 2018 - Edición Nº1069
ExtraData » DEBATES » 10 sep 2018

Cómo será el rostro humano del futuro

Investigadores internacionales analizan qué rasgos conservará y cuáles se modificarán. Hay datos que sugieren que este proceso evolutivo sigue en marcha.


Expertos internacionales publicaron pistas para delinear cómo será el rostro humano del futuro, conocer sus características sobresalientes y entender por qué ganará o perderá algunos de sus atributos.

La cara que tenemos es el resultado de millones de años de evolución y todavía sigue cambiando. Según cuenta el genetista Adam Wilkins, de esta manera nos convertimos en la especie más expresiva de la Tierra.

“Por supuesto que seguimos evolucionando y cambiando. La dieta está modificándose todo el tiempo y esto también cambia la forma de la cara”, asegura David Perrett, investigador de la Universidad de Saint Andrews.

La teoría de Darwin postula, a grandes rasgos, que todas las especies descienden de un ancestro común. Y que, a medida que ocurren mutaciones al azar en el código genético de un organismo, las que son beneficiosas son preservadas porque ayudan a que la especie sobreviva.

Nuestros antepasados más antiguos tenían frente pronunciada, bozo prominente y mentón poderoso. “La forma básica del rostro humano surgió hace unos dos millones de años y los cambios, desde entonces, acentuaron que se acorten las facciones gradualmente”, puntualiza Erik Trinkaus, profesor del Departamento de Antropología de la Universidad de Washington.

“Si nuestro cráneo continúa evolucionando, lo previsible sería que continuase con esa juvenilización en las proporciones craneales, lo que llevaría a una cara más reducida, con órbitas oculares proporcionalmente mayores, un mentón de menores dimensiones y una bóveda craneal más globular y desarrollada”, explica Paul Palmqvist, catedrático de Paleontología del Departamento de Ecología y Geología, de la Universidad de Málaga.

“Hay datos que sugieren que este proceso evolutivo sigue en marcha. Así, la proporción de individuos que ya no forman la muela de juicio (terceros molares, las últimas piezas en aparecer en la dentición permanente) parece haber ido aumentando desde el origen de nuestra especie”, cuenta Palmqvist.

El experto especula que “para que continúe una evolución del rostro en el sentido que hablamos (neurocráneos más desarrollados y caras más pequeñas) sería necesario un cambio en la pelvis femenina, cuyo canal de parto es ya demasiado angosto”.

F: iprofesional.com

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