martes 14 de agosto de 2018 - Edición Nº1032
ExtraData » DEBATES » 2 ago 2018

#20AñosIDAES Militancia, autonomía y Ni Una M

"Soy feminista, hago política"

El debate por el aborto legal volvió a poner sobre la escena la idea de autonomía de los cuerpos, una de las reivindicaciones del feminismo. Laura Masson recorre la historia de la lucha feminista desde el regreso a la democracia hasta la aparición del #NiUnaMenos. ¿Cómo es el saber, el hacer y el ser feministas en Argentina? Esta es una de las 20 notas para celebrar los 20 años del IDAES a través del pensamiento de sus investigadores sobre los temas candentes de la coyuntura.


Por: Laura Masson // Ilustración Justina de Urquiza

La política feminista se mostró en todas sus formas durante el debate y la media sanción del proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Congreso. Articuló esfuerzos, propuestas, manifestaciones y militancias propias de la dinámica del feminismo. Y fue novedosa y masiva: hoy el movimiento feminista suma una multiplicidad de tiempos biográficos, generacionales e históricos.

Cuando comencé mi trabajo de campo para la tesis doctoral en 2002, después de haber analizado mujeres peronistas que reivindicaban una forma “despolitizada” de hacer política trabajando en “lo social”, me enfoqué en las mujeres que militaban en partidos y asumían que hacían política. También quería entender por qué si el feminismo era definido enfáticamente por las feministas como político estaba tan invisibilizado y no era considerado “político”. Pero en ese momento esta no era mi preocupación principal.

El foco de mi investigación cambió cuando en 2003 el Boletín virtual de la Librería de las Mujeres promocionó el curso Historia Argentina desde el punto de vista de las mujeres en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires: allí encontré a Zulema Palma, médica ginecóloga, militante feminista de la ONG Mujeres al Oeste de Morón.

Me invitó a participar del Encuentro de Mujeres Feministas de Argentina en Tandil. Después de ese encuentro mi investigación se redefinió. Seguí participando de los variados e itinerantes eventos del feminismo hasta que finalmente decidí estudiarlo como una forma de hacer política.

Como resultado de esa larga investigación en 2007 definí al feminismo como un “espacio social”, con una gramática organizacional distinta a la de la política tradicional, pero también a la de los movimientos sociales. Caracterizado por ser internamente heterogéneo, incluye el mundo académico, el gubernamental, el de los partidos políticos, de las Organizaciones no Gubernamentales y el de los medios de comunicación.

Además, engloba diferentes identidades construidas a partir de oposiciones y categorías de acusación que se definen de acuerdo a quien las pronuncie: feministas institucionalizadas o feminismo de lo posible; feministas puras/utópicas o feministas autónomas; feministas políticas o mujeres de los partidos; feministas académicas o académicas puras. Estas categorías construidas en la interacción sólo son inteligibles a la luz de la historia de la configuración social de esta forma de hacer política.

Si bien este espacio aún posee mucho de la configuración de ese momento, hoy es desafiado por nuevas formas de construcción que deberán ser minuciosamente analizadas para comprender cuánto mantienen de la definición de política del regreso a la democracia. En los 80 las feministas que hoy tienen más de 70 años definían al feminismo (todavía no se usaba el plural) como la forma más radical o más verdadera de “hacer política”.

María Elena Oddone decía que la posibilidad de una acción creadora feminista sólo puede darse militando en el feminismo que, pese a su aparente desorganización y su diversidad, tiene la fuerza de lo nuevo y que la política bien entendida la hacen los grupos feministas. Magui Bellotti y Marta Fontenla observaban que la lucha feminista es política y la política feminista incorpora lo que se considera el mundo de lo privado porque en él se dan relaciones de poder, y así entran en la política lo subjetivo, la sexualidad, la familia y las relaciones interpersonales.

Mirta Henault consideraba que si una mujer era golpeada por su compañero, si su trabajo dentro y fuera de la casa era desvalorizado, si moría con el útero perforado por un aborto mal hecho, esas eran cuestiones políticas.

En ese momento estas definiciones tenían sentido en un pequeño círculo de mujeres: urbanas, de clase media, de mediana edad, blancas, la mayoría universitarias y si bien había heterosexuales y lesbianas, estas últimas estaban aún invisibilizadas. Las feministas apenas comenzaban a hacer explícitos los significados políticos sobre los que se construyó la manera de percibir los cuerpos de las mujeres. Esta visibilización fue lo que luego permitió reconocer esos cuerpos como lugar de lucha y de disputas de sentidos y poder. Es decir, un lugar donde se define la autonomía.

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