martes 14 de agosto de 2018 - Edición Nº1032
ExtraData » DEBATES » 30 jul 2018

Dinosaurios en acción

La interna en Empleados de Comercio destapó la presencia de un espía del Batallón 601 en la cúpula del gremio que conduce Armando Cavalieri. La historia que lo une a otro espía, hoy ladero de un jefe radical: la desaparición del estudiante Riobó.


Por: * Ricardo Ragendorfer // revistazoom.com.ar

En medio de los remolinos del presente, la noticia pasó desapercibida: el 19 de julio hubo una ruidosa manifestación de militantes vinculados a organismos de Derechos Humanos frente a la sede del Sindicato de Empleados de Comercio (SEC) en repudio a su titular, Armando Cavalieri, por apañar a un represor: el ex integrante del Batallón 601, Juan Manuel Bernasconi.

El asunto saltó a la luz luego de que el gremialista –quien a los 84 años pelea por su noveno mandato consecutivo– impusiera en la Junta Electoral del SEC a ese sujeto, desoyendo un fallo de la Justicia.

La pertenencia de Bernasconi al aparato represivo del Ejército quedó al descubierto a principios de 2009, cuando el Archivo Nacional de la Memoria (ANM) desclasificó la lista completa de sus agentes civiles entre 1976 y 1983. Idéntica suerte corrió entonces un tal Carlos Enrique Bernadou.

El primero tiene 66 años. Vive en Quílmes, es padre de un ex candidato a edil por el massismo y alterna tareas comerciales con su flamante actividad sindical, la cual acaba de echar por tierra su discreto perfil.

El segundo, de 65 años, supo merecer mala fama a fines de los noventa al ser procesado –sin consecuencias condenatorias– en la denominada “causa de los ñoquis” del Concejo Deliberante, donde era funcionario. Tal problema no lo privó de ocupar durante 2010 la vicepresidencia del Comité Capital de la UCR; ni de ejercer con posterioridad un cargo jerárquico en la Secretaría del Consejo de la Magistratura; ni de regresar en 2017 a la cúpula del radicalismo porteño como ladero de su presidente, Emiliano Yacobitti.

Ambos están denunciados de participar en la desaparición del estudiante Ricardo Emilio Riobó, secuestrado por una patota militar el 23 de mayo de 1978 en la localidad bonaerense de Turdera. Tal querella –presentada en 2013 por el abogado de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, Pablo Enrique Barbuto– está actualmente atrancada en algún cajón del Juzgado Federal Nº 4, a cargo de Ariel Lijo.

Lo cierto es que este caso pone al descubierto una trama que merece ser reconstruida: la ofensiva del terrorismo de Estado contra alumnos y docentes de la Universidad del Salvador.

Nota ocmpleta acá

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