jueves 16 de agosto de 2018 - Edición Nº1034
ExtraData » DEBATES » 11 jun 2018

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"Un gol en contra antes del mundial"

A una semana de empezar el mundial en Rusia, Argentina se metió en un lío internacional innecesario. Lo que nació como una oportunidad de negocios, se convirtió en un problemón geopolítico. De Trump a Messi, de Israel a Palestina, una crónica que explica qué y por qué pasó lo que pasó.


Por: Ignacio Fusco // Ilustración Martina Fior // revistaanfibia.com

Once días después de haber ganado y goleado en un estadio que se llama como un ex presidente –Alberto José Armando– los 11 jugadores de la Selección Argentina iban a salir todos en fila, uno atrás de otro, obedientes, ordenaditos, para jugar en el estadio de un club que se llama como otro, el Beitar Trump Jerusalén.

Trump por Trump, Trump sin trampas ni eufemismos. El tuitero superpoderoso, Trump, o sea, Donald, Donald Trump, el único apellido que puede abrir todas las puertas de la insólita historia que ocurrió alrededor del amistoso que el equipo de Jorge Sampaoli no jugará contra Israel.

Fue un domingo a la mañana. El 25 de septiembre de 2016 el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, viajó a Estados Unidos y se reunió con Trump, entonces candidato a presidente. Durante una hora y 20 minutos el multimillonario de pelo mostaza le dijo unas cuantas cosas pero fundamentalmente le dijo que Israel era “un aliado vital” en “la guerra global contra el terrorismo islámico radical”, le dijo lo que ningún poderoso le había dicho: que la embajada estadounidense ya no estaría en Tel Aviv en el caso de que él fuera elegido presidente sino en la eterna Jerusalén.

“Los israelíes quieren una paz justa y duradera con sus vecinos –difundió en un comunicado, ese mismo día, el equipo de campaña de Trump–, pero esa paz sólo llegará cuando los palestinos renuncien al odio y la violencia y acepten a Israel como un Estado Judío”.

Fue un miércoles, el 6 de diciembre de 2017, el día que Trump, ya presidente, decidió que parte del mundo se moviera: ante las cámaras y en la Casa Blanca firmó la mudanza de la embajada desde Tel Aviv. Y fue un lunes, el último 14 de mayo, hace cuatro semanas nada más, a 70 años de la creación del Estado de Israel, que la mudanza, la inauguración –con su hija Ivanka en la foto principal, la estelar–, sucedió. “Es un gran día para Israel. ¡Felicidades!”, tuiteó Trump a miles de kilómetros, quizá desde su celular, el mismo en el que después debe haber abierto los portales de noticias y el mismo en el que entonces debe haber visto las manifestaciones del pueblo palestino en la Franja de Gaza por su medida, el ataque del ejército israelí.

Las 118 personas que murieron en los últimos tres meses asesinadas por sus balas. Las nueve mil que todavía están heridas. Las 58 que murieron el mismo día que lanzó el tuit. En ese mismo celular debe haber visto también que un club que se llama Beitar Jerusalén va a llamarse Beitar Trump Jerusalén para agradecerle el gesto, que había un partido de fútbol cuyo premio era la “Copa 70 Aniversario Estado de Israel” y que lo jugarían entre la Argentina y la selección local, y ahí también debe haber visto que la Ministra de Deportes y Cultura israelí, Miri Reguev, decidió entonces que el amistoso no se jugaría en Haifa, como se había acordado con el subcampeón del mundo (decisión por la que ahora la está investigando su propio gobierno, según The Jerusalem Post), sino en la ciudad eterna: Jerusalén.

Lo que pasó después, eso sí, seguramente no lo debe haber leído, acaso ni se enteró: que ese partido era un acuerdo intergubernamental “que de ninguna manera podía quebrarse” entre el gobierno argentino y el israelí, que 20 manifestantes fueron en Barcelona hasta la puerta del predio en el que se entrena el equipo de Sampaoli y les mostraron a las cámaras occidentales camisetas argentinas manchadas con sangre, que los referentes de ese equipo que Trump ni ubica se cansaron de un conflicto que no entienden y que charlaron con Claudio Tapia, el presidente de la AFA, y le dijeron: “No vamos a jugar”.

Iba a ser un sábado, este sábado, el amistoso, la Copa 70 Aniversario, pero ya nunca lo será. Como cuenta la periodista argentina Verónica Brunati en el diario As de Madrid, algunos jugadores importantes de la Selección Argentina se habían juntado a almorzar el martes al mediodía en Castelldefels, el pueblo en el que vive Messi: en el pueblo en el que vive Messi, entonces, fue que decidieron lo que iban a hacer.

Se lo contaron a Tapia. Tapia se lo contó a Daniel Angelici, a Mauricio Macri: el plantel no quiere viajar. Errata: el plantel no va a viajar. Macri le recordó la reunión bilateral que el año pasado había tenido con el primer ministro israelí en Buenos Aires. Y que Netanyahu hasta lo había invitado al partido, aquellos días que los que todo, todo, era diplomacia, felicidad. Pero esta vez, el final lo decretaron otros hombres. Uno de barba roja, zurdo, que usa la 10, un entrenador y todos sus compañeros. Todos, un martes histórico, dijeron que no.

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