martes 19 de junio de 2018 - Edición Nº976
ExtraData » ARTE Y CULTURA » 5 jun 2018

Usina del arte

Nicola Costantino envuelve al espectador en un bosque paradisíaco

La artista rosarina exhibe "Pardés", una instalación de sitio específico creada especialmente para la Sala Laberinto. Un inmenso mural en 360 grados  repleto de alimentos, orquídeas y figuras andróginas.


Se trata de una sugerente exhibición donde la acción -la pre paración de un gran banquete- transcurre en los 400 metros cuadrados impresos de bosque, donde una serie de figuras, algunas con narices de chancho (que refieren a obras anteriores de la artista), otras vestidas con forma de orquídea, preparan un colorido festín comestible en base a la vegetación circundante.

En el recorrido tan impactante visualmente como envolvente, la instalación se completa con elementos presentes en la sala como la inmensa alfombra de tierra y maderitas que se oye crepitar a medida que uno camina, o grandes esculturas de orquídea, o las ramas de burbujas (pequeños vasos de vidrio imantados a la estructura que los sostienen), para verter distintos y coloridos sabores.

"Me interesaba la idea de hacer de una foto, que es algo bidimensional, algo espacial. Y esta instalación que se llama 'Pardés', que significa paraíso en hebreo, tiene que ver con la preparación de un banquete, de un festín para deleitarse, siempre y cuando no quieras acaparar. Apenas quieras retener, vas a dejar de recibir. Es algo muy lindo y muy diferente al mundo en el que vivimos", cuenta Costantino.

En este bosque paradisíaco, el alimento emana de la naturaleza, un universo vegetal donde se destacan orquídeas fantasmagóricas, mientras que los personajes que lo habitan procesan con laboriosidad alquímica cada uno de sus frutos para crear un gran banquete, en medio de las fuerzas desatadas de una naturaleza cuya identidad es la mutación constante.

Hay un guiño entre los personajes andróginos presentes en esta obra -cuenta la artista- y su última exposición, "El verdadero jardín nunca es verde", instalación que se vio en la galería Barro en 2016 y en el CCK en 2017, en homenaje al alucinante reservorio de formas del pintor flamenco conocido como El Bosco.

Costantino recreaba en aquella obra una gran escultura para evocar la fuente de la vida presente en el célebre cuadro "El jardín de las delicias", pero que la rosarina presentaba como si fuera un hallazgo arqueológico. Aquí, en una epifanía de este bosque paradisíaco, hay unos huecos en la pared, muy pequeños, casi imperceptibles. Si se espía por ahí, se verá la "Fuente de la vida". "Es una obra encapsulada dentro de la muestra", dice la artista.

"Cada vez me gusta más la intertextualidad con mis obras y con obras de otros", señala la creadora de las esculturas chancho bola, quien ha reinterpretado grandes obras de la historia del arte y que representó a la Argentina en la Bienal de Venecia con una impactante instalación en homenaje a Eva Perón, que llamó "Rapsodia inconclusa".

El recorrido por la sala permite asomarse a imágenes de grandes mesas repletas de frutas, verduras y chanchos, o a la propia Nicola en diversas situaciones, por ejemplo como una alquimista preparando postres de colores realizados con leche condensada que crecen de la tierra, cerca de un fuego que da calor a un alambique.

"Este banquete es totalmente diferente a los parámetros y paradigmas de cómo comemos. Acá todo viene de la naturaleza. Además, las esculturas de flores rinden homenaje a White Ghost, una orquídea que está en vías de extinción. Y es un elemento del universo vegetal pero parece del universo animal. Es una ruptura de universos que se mezcla. Y el personaje más importante acá es una mujer transexual, símbolo de cómo lo masculino se transforma en femenino", agrega Costantino.

"Esta obra representa la preparación de un banquete que planeo hacer en algún momento y que tendrá lugar en un jardín, como este. Hace un año que estoy preparando la vajilla y otras cosas necesarias", adelanta la artista que ha realizado numerosas obras en su carrera con alusiones a la comida.

Según explica, "en mis obras sigue apareciendo la comida como ritual, como un momento muy importante de disfrutar y de gozar. Y de relacionarse. Vivimos un momento donde lo visual y auditivo está súper estimulado, recargado. En cambio, los sentidos del olfato y el gusto no".

La idea es que sea "algo realmente efímero -recalca la artista-, que sólo quede en el recuerdo. Que no puedas acapararlo, comprarlo o llevártelo. Es una experiencia sensorial que no podes 'tener'. Solo podes gozarla y guardarla en tu recuerdo".

Nacida en Rosario en 1964 Costantino realizó, como una de sus primeras obras, "Cochon sur canapé": un banquete que consistió en un lechón sobre una cama. Además, realizó proyectos llamativos como su "Corset de peletería humana"; máquinas ortopédicas para animales nonatos; y "Savon de Corps", obra con gran repercusión mediática que consistió en jabones hechos con la grasa de su cuerpo.

"Pardés" se podrá visitar hasta el 1° de julio en la Usina del Arte (Agustín Caffarena 1, CABA), de martes a jueves de 14 a 19 y de viernes a domingos de 10 a 21, con entrada libre y gratuita.

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