viernes 17 de agosto de 2018 - Edición Nº1035
ExtraData » DEBATES » 14 may 2018

La Casa de Papel, una metáfora de la gestión M

Vista en clave política, la serie de moda describe métodos, estrategias y objetivos del gobierno macrista. Eficientismo, meritocracia y táctica de CEO: el tiempo es dinero.


Por: * Cecilia B. Díaz y Cristopher Cardarelli // revistazoom.com.ar

Hay un plan de un atraco ambicioso y creativo. Cada paso parece perfecto. Incluso va a contar con la legitimidad popular porque ganarle al Estado y a los políticos, eso que el sentido común en las sociedades modernas señala como el poder, es cosa de héroes. En ese plan, la audiencia se prende en la ilusión de ganar con astucia, volverse rico sin perder la moral. El plan del Profesor para saquear “La casa de papel” (Colmenar, 2017) es una de las narrativas que más han calado en el gusto popular de las series de Netflix en los últimos meses. Tal es así, que la plataforma anuncia una tercera temporada llamada “La resistencia”.

Más allá de las críticas en base al gusto, a la narrativa y las adicciones que suelen crear este tipo de propuestas, en este artículo proponemos pensar ciertas situaciones de la serie como una metáfora del discurso neoliberal de Cambiemos. Esto puede resultar arbitrario, pero hay una clave de la estrategia de la banda del Profesor que puede pensarse en su dimensión política porque el objetivo en común, las identidades y los afectos son elementos centrales en la organización de un grupo. En particular, nos enfocaremos en la gestión del tiempo, las prácticas distractivas y el botín que define socios, aliados y cómplices.

En efecto, uno de los atractivos de “La Casa de papel” es que le promete al espectador ser parte de un robo perfecto de dinero en efectivo. Es que si hay un objeto codiciado en esta época de capitalismo financiero global, es la liquidez para evitar el control electrónico tanto de los Estados como del sistema bancario.

Ante este punto, el jefe de la banda de los atracadores enfatiza en una estrategia para obtener la mayor cantidad de dinero: ganar tiempo. Esto implica no obviar las fuerzas de seguridad, los imponderables y las debilidades humanas bajo un clima de tensión, sino conjugarlas con prácticas distractivas y así seguir emitiendo papel moneda. Aquí, se observa el despliegue del discurso neoliberal en el que la eficacia del equipo se vuelve un mantra para llevarse el botín, incluso en momentos de incertidumbre.

Desde el plano del espectador, la gestión del tiempo opera para estirar por dos temporadas lo que ocurre en menos de una semana. Así hasta la producción audiovisual se adueña del reloj y atrapa en la sucesión de escenas de tensión, donde todo parece que puede fallar. Es que, también, del otro lado de la pantalla se produce una fascinación por el derrotero de los que portan la máscara de Dalí, aquel que pintó los relojes blandos de la memoria.

Lo que sostiene un hilo de acciones en el tiempo es el relato de Sergio Marquina, el Profesor, quien presenta el plan perfecto, sin dolor, pero con mucho esfuerzo. Lo vende y convence a sus ejecutores, quienes a su vez son los más expuestos. Allí encontramos otro punto de encuentro con la eficacia del discurso neoliberal: se vuelve un proyecto posible desde el sentido común con la promesa de una utopía vacía que cada quien completa con su deseo más individual. Como un globo de campaña que promete ilusiones simples sin fundamentos sólidos.

Nota complaeta acá

* Cecilia B. Díaz es doctoranda en Comunicación (UNLP) Twitter: @cebediaz Cristopher Cardarelli es licenciado en Ciencia Política (UNLAM)

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