martes 22 de mayo de 2018 - Edición Nº948
ExtraData » DEBATES » 20 abr 2018

La gran farsa

La reacción internacional frente al ataque a Siria constituye una sobreactuación que buscó tapar los dobles discursos, las complicidades y la indiferencia internacional que habilitan que el país siga explotando en mil pedazos.


Por: María Laura Carpineta // revistazoom.com.ar

Estados Unidos, Francia y Reino Unido bombardearon con 103 misiles crucero a tres grupos de objetivos del Ejército sirio en el oeste de ese país. Anunciaron que los destruyeron todos, que no provocaron víctimas, que golpearon la capacidad militar química de las Fuerzas Armadas y que lo hicieron por el pueblo sirio, “para evitar más sufrimiento humano”, como explicó esta semana la primera ministra británica, Theresa May, para calmar las críticas de la oposición, que no fue consultada antes de tomar la decisión. El ataque internacional, que una vez más se salteó a la ONU y su necesidad de consenso entre potencias, desató las alarmas de los medios y analistas del mundo, muchos de los cuales pronosticaron una profundización de la guerra en Siria o, inclusive, un conflicto armado a escala global.

Todo, desde las reivindicaciones de Washington, París y Londres hasta la indignación de Rusia y los temores de una Tercera Guerra Mundial, fue una sobreactuación que buscó tapar los dobles discursos, las complicidades y la indiferencia internacional que habilitan que Siria siga explotando en mil pedazos.

En primer lugar, ni Estados Unidos ni Francia ni Reino Unido bombardearon por primera vez el territorio sirio el sábado pasado. Desde 2014, los tres participan de una coalición que dice intentar combatir y destruir a la milicia Estado Islámico a través de ataques aéreos y con alianzas con grupos armados que combaten en el terreno. Pese a algunos roces y “errores” en el camino, esta alianza occidental no confronta directamente a las Fuerzas Armadas sirias. Esto, sin embargo, no significa que sean aliados. Washington, París y Londres siempre apoyaron políticamente, con dinero, entrenamiento o armas a grupos de la oposición armada, una estrategia que los propios funcionarios estadounidenses reconocieron que fracasó.

Con la asunción presidencial de Donald Trump, surgió la posibilidad de que Estados Unidos se abandone el rol de potencia beligerante en el conflicto sirio. Así lo había propuesto el magnate inmobiliario durante la campaña y coincidía con su intención de enmendar las relaciones con Rusia, la otra potencia internacional que se sumó abiertamente a la guerra en 2015. Como Washington, Moscú dijo que peleaba contra el Estado Islámico. Pero a diferencia de la estrategia de la Casa Blanca, la del Kremlin terminó siendo mucho más efectiva y abarcadora porque lo hizo codo a codo con el gobierno de Bashar al Assad y sobre todas las zonas controladas por la oposición.

Al mismo tiempo que Rusia avanzaba, Estados Unidos se retraía. Con Trump, Washington dejó de impulsar el proceso de paz dirigido por la ONU y el conflicto en Siria desapareció de las prioridades de la Casa Blanca, con una sola excepción. En abril del año pasado, la denuncia de un ataque con gas sarín contra civiles en la provincia de Idleb, en el noroeste sirio, desató la indignación humanitaria del flamante presidente. Desde dos buques destructores en el Mediterráneo, la Armada estadounidense lanzó 59 misiles Tomahawk contra la base de la Fuerza Aérea desde la que, aseguraron, se inició el ataque con gas sarín que mató a 80 civiles.

Nota completa acá: http://revistazoom.com.ar/la-gran-farsa/

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

VIDEOS