viernes 22 de junio de 2018 - Edición Nº979
ExtraData » DEBATES » 17 abr 2018

Fraternidad clandestina

En el conurbano bonaerense, una red de asistencia aconseja, acompaña y ayuda a mujeres que deciden abortar. Compromiso, solidaridad y militancia como antídoto contra la hipocresía.


Por: Aldana Huilén Ceijas // revistazoom.com.ar

En pleno invierno del año 2016, Ivana estaba parada en la puerta de una farmacia de San Justo a las 11 de la noche. Era el único local que destacaba, con luces de neón que brillaban y titilaban en la oscuridad de toda la cuadra. San Justo es la ciudad central del distrito de La Matanza, el más grande y más poblado de la provincia, pero de noche y con los negocios cerrados, suele ser un lugar totalmente desolado.

Ivana miraba fijo al cartel de la cruz blanca y verde de la farmacia de guardia, chequeaba en su celular que fuera la dirección correcta, caminaba nerviosa hasta la puerta para después echarse hacia atrás. Cuando se dio cuenta de que el frío le había helado los pies, se armó de valor y entró. Se acercó a la cajera, la única persona en el local, y le preguntó por un nombre. “Él no está ahora, viene en un rato. ¿Qué necesitás?”, preguntó la mujer, con ojos duros y juiciosos. Tenía la receta correspondiente para comprar la droga, pero no se animaba a mostrársela. “Nada. Lo espero afuera”, respondió la chica.

Esperó veinte minutos más en la vereda, sentada en el cordón. De vez en cuando se daba vuelta porque sentía la mirada de la mujer sobre su nuca a través de la vidriera. No aguantó más y volvió a su casa. En el camino, arriba del remise, escribió un mensaje de texto: “Me dieron el dato de un farmacéutico que las vendía, pero no apareció. Por favor, comprame vos el Misoprostol”.

Hoy Ivana tiene 21 años y no tiene hijos. Vive en Isidro Casanova y su rutina pasa por sus estudios como profesora de primaria, por su casa, donde la necesitan diariamente para cuidar de sus sobrinos más pequeños y por la militancia barrial que lleva a cabo desde una organización política peronista. Es una chica concreta, de muy pocas palabras, e increíblemente práctica: empezó a militar desde la secundaria porque le molestaba que en los barrios hubiera tanta pobreza y empezó a estudiar Educación Primaria porque en las clases de apoyo de un merendero descubrió su pasión. Jamás se detuvo demasiado a buscar un por qué de lo que hacía, prefirió encontrarlo a medida que avanzaba.

La practicidad fue de gran ayuda cuando decidió interrumpir un embarazo a los 18 años, a poco tiempo de cumplir los 19, en el año 2016. Su familia estaba en contra, pero ella tenía una clara certeza: no podía ni quería ser madre. “No trabajaba, no había terminado la secundaria, ni tenía una pareja estable que me acompañara”.

Ivana no había sido violada, su vida no estaba en peligro y no era ni “idiota” ni “demente”, que son, desde inicios del siglo pasado, los motivos contemplados por el artículo 86 del Código Penal argentino para realizar abortos no punibles. Sí había estado en una relación violenta durante tres años con un hombre mayor de edad.

Una amiga, que años antes había vivido una situación similar a la suya, le dio el dato de una Consejería Pre y Post Aborto de la zona y la acompañó en todo el proceso. “Tuve suerte. Muchas chicas no tienen esa contención y abortan igual, de la forma que sea”, admite con una media sonrisa que, en vez de transmitir alegría, deja entrever la preocupación de conocer lo que tantas mujeres tienen que atravesar.

Nota completa acá:  https://revistazoom.com.ar/fraternidad-clandestina/

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