jueves 20 de septiembre de 2018 - Edición Nº1069
ExtraData » DEBATES » 7 mar 2018

El ojo del Huracán

La extradición de Jones Huala a Chile exhibe una remake del Plan Cóndor: excluidos en lucha, represión al servicio de negocios y la larga mano de la CIA.


Por: Ricardo Ragendorfer // revistazoom.com.ar

A través de una videoconferencia –para así eludir situaciones incómodas–, el juez federal de Bariloche, Gustavo Villanueva, comunicó el fallo que concede la extradición a Chile del líder mapuche Facundo Jones Huala. Pero tal atajo comunicacional no evitó que, de inmediato, éste pronunciara desde la cárcel de Esquel una arenga transmitida con altoparlantes en la periferia del tribunal por la Red Nacional de Medios Alternativos, mientras su voz también llegaba a Italia, España y al país trasandino.

Luego hubo pedradas contra el edificio del juzgado. La respuesta: gases lacrimógenos y una cacería policial en las calles que conducen hacia el Centro Cívico con una cosecha de 19 detenidos; entre ellos, un menor de 13 años, una mujer embarazada y el periodista de radio Piuke, Luciano Beveraggi.

Era, por cierto, la segunda vez que a Jones Huala se lo enjuiciaba por la misma razón. Cabe recordar que el proceso anterior –celebrado en Esquel– se había desplomado por un leve tecnicismo: el único testigo contra el acusado supo aportar datos bajo brutales torturas. Así lo entendió nada menos que el juez federal de aquella ciudad, Guido Otranto, quien no vaciló en declarar la nulidad del asunto sin ser precisamente un adalid del “garantismo”.

A eso se le debe añadir el carácter antojadizo del pedido chileno: la extradición del lonko es solicitada por el incendio intencional en 2013 de una propiedad rural en la localidad de Río Bueno, hecho por el cual ya fueron absueltos sus presuntos cómplices, además de probarse que él no se encontraba en Chile al momento de ocurrir.

Lástima que el fallo del doctor Villanueva –un gran logro en la epopeya “civilizatoria” que comparte el régimen macrista con el gobierno de la médica Michelle Bachelet– se vea empañado por su coincidencia con el papelón en torno al denominado “Operativo Huracán”, sucedido al quedar al descubierto una maniobra de los Carabineros –la principal fuerza de seguridad chilena– consistente en el armado de evidencias falsas para incriminar a mapuches en delitos terroristas. Un escándalo institucional de imprevisibles consecuencias y que también salpica a las autoridades argentinas.

Bien vale entonces repasar las claves de esta alianza bilateral, una suerte de Plan Cóndor del presente.

El complot

Lo cierto es que desde mediados de 2016 existía un profuso intercambio de información entre los servicios de inteligencia chilenos y locales para poner en marcha la ilusión del “enemigo interno” en ambos lados de la cordillera; o sea, la fantasmagórica Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) en la Patagonia y la no menos brumosa Coordinadora Arauco Malleco (CAM) en la Araucanía. De modo que sus principales ciudades se llenaron de espías y policías.

El capítulo más intenso de esta trama empezó a palpitar durante la visita oficial de Mauricio Macri a Chile. Corría el mediodía del 27 de junio pasado cuando el mandatario argentino ingresó al Palacio de la Moneda. Allí mantuvo una reunión privada con la presidente Bachelet, de quien se despidió pasadas las tres de la tarde. Después trascendió que entre otros asuntos ambos hablaron sobre la situación de Jones Huala, cuyo enjuiciamiento allí era un anhelo de la anfitriona. Y que Macri prometió dar curso favorable a su extradición.

Ese mismo día el caudillo aborigen fue detenido por Gendarmería en la ruta 40 y encerrado en la cárcel de Bariloche. No había orden de arresto en su contra. Y el hecho de que su captura haya sucedido en ese sitio indica que lo venían siguiendo. El responsable de esa tarea de inteligencia ilegal no fue otro que Pablo Noceti, el funcionario predilecto de la ministra Patricia Bullrich.

Ya se sabe que tal arresto fue motivo de una escalada de fricciones entre mapuches y uniformados que derivó, nueve semanas más tarde, en la muerte de Santiago Maldonado durante una incursión de Gendarmería en la Pu Lof de Cushamen. Otro hecho del que Noceti no fue ajeno.

Así se llegó al 29 de septiembre de 2017. Aquel día –mientras la crisis política por la desaparición de Maldonado era observada por el mundo entero– hubo un misterioso cónclave argentino-chileno en el Palacio San Martín de la Cancillería. Por el país vecino asistió una delegación presidida por el entonces subsecretario del Interior (y actual ministro), Mahmud Aleuy, e integrada por el embajador José Viera Gallo y tres funcionarios de menor rango; por la parte argentina estuvo la señora Bullrich y su plana mayor –Noceti, Gonzalo Cané y Gerardo Milman–, además del director del área de Fronteras, Vicente Autiero, y el jefe de Asuntos Jurídicos del Ministerio del Interior, Luis Correa. El tema tratado –según una gacetilla oficial– fue “enfrentar en forma conjunta delitos transnacionales como el contrabando y el narcotráfico”. La razón real era muy diferente y extremadamente delicada.

El fallo del doctor Villanueva coincide con el papelón en torno al denominado “Operativo Huracán”, una maniobra de los Carabineros consistente en el armado de evidencias falsas para incriminar a mapuches en delitos terroristas. Un escándalo institucional de imprevisibles consecuencias y que también salpica a las autoridades argentinas.

Una semana antes se produjo en los alrededores de la ciudad chilena de Temuco el espectacular arresto de ocho “extremistas” de la CAM, incluido su líder, Héctor Llaitul. Se los imputaba de atentados incendiarios, entre otros actos sediciosos. La acción, bautizada con el criterioso nombre de “Operativo Huracán”, fue un logro de la Dirección de Inteligencia Policial de Carabineros (DIPOLCAR) por orden del fiscal de la Araucanía, Luis Arroyo,

Gran alarma causó la revelación de conversaciones por WathsApp entre los detenidos sobre la posible importación de armas desde Argentina. Uno de esos audios se refería a “6 escopetas, 10 revólveres, 12 pistolas, 2 fusiles de asalto 250 cartuchos, 550 balas calibre 38 y 84 balas calibre 9 milímetros”. La hasta hablaba de un presupuesto de “900 lucas”.

A la ministra local se le hacía agua en la boca. Y sin que le temblara la voz, aseguró tener “información coincidente” con aquellos datos. Argentinos y chilenos acordaron entonces cerrar los pasos fronterizos, junto con muchas otras medidas de excepción.

En aquel momento no imaginaban que el inapelable peso de la realidad infectaría sus planes de manera estrepitosa.

Nota completa acá: https://revistazoom.com.ar/el-ojo-del-huracan/

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