jueves 20 de septiembre de 2018 - Edición Nº1069
ExtraData » ARTE Y CULTURA » 23 feb 2018

"Tapiar", una investigación de casas y edificios de la ciudad de Buenos Aires, producida por el artista visual Nacho Unrrein

El arquitecto presenta un recorrido experimental en la porteña Acéfala Galería que invita al espectador a traspasar el muro de ladrillos para descubrir lo que habita en un espacio abandonado.


¿Qué se esconde detrás de un muro de ladrillos en el frente de un Petit Hotel en Recoleta o de un caserón de La Boca? ¿Quién vivió allí? ¿Quién no puede entrar? Son algunas de las preguntas que surgen cuando se percibe una tapia en el paisaje urbano, unas de las tantas que moran los barrios porteños silenciosamente.

Intrigado por esas tapias de ladrillos, de cemento, de cemento pintado, de chapa o con doble reja, Unrrein (Buenos Aires, 1987), arquitecto doctorando en artes por la UNA, desarrolló un proyecto todavía en curso de relevamiento e investigación por las calles de la Ciudad del que esta muestra, que lleva por título "Tapiar Buenos Aires", es apenas una instancia más.

Bajo la curaduría de Santiago Bengolea, Unrrein inaugurará mañana en Acéfala una instalación que toma por completo el espacio expositivo de Palermo para acercar al espectador una perspectiva estética y conceptual, una suerte de muestra oculta que propone un recorrido casi a oscuras, como si se estuviese en las entrañas de una vivienda sin armar.

"La arquitectura tiene como propósito habitar un espacio y de pronto una fachada tapiada contradice ese propósito y convierte la fachada en un monumento de contemplación. Es un patrimonio efímero que la ciudad no genera y que dura como tal hasta que los demuelen", argumenta el artista en diálogo con Télam sobre esta práctica repetida por toda la ciudad.

Una tapia de ladrillos huecos colorados cubre la fachada de la calle Niceto Vega 4754, donde funciona la galería dirigida por Sol y Bárbara Echevarría. El acceso tradicional está bloqueado, la galería no se ve y probablemente quien camine por ahí crea que no existe, excepto para el visitante que se haya anotado a participar de los recorridos con cita previa.

La galería del barrio de Palermo funciona en el mapa de Unrrein como la primera parada de una guía que trazó por los barrios y sus tapias, como un proyecto artístico que va más allá de ese espacio expositivo y ofrece "la posibilidad de visitar todas y cada una de sus fachadas tapiadas, construyendo un otro acervo histórico", sostiene Bengolea.

El ingreso a la muestra oculta de la galería es por la sala de máquinas, a oscuras y subterráneo, con el sonido de las cañerías y el olor a humedad del sótano, que anticipan una dimensión experimental pero la instalación, estrictamente, comienza con un pasillo que acopia 27 mil ladrillos minúsculos en escala 1:5 horneados por el propio artista y agrupados en pallets.

"La galería tiene un acceso no público, tapiamos la entrada y armamos una instancia para ver qué sucede ahí adentro. Es un poco la realidad y otro poco una ficción, donde lo que tratamos es jugar con los idas y vueltas y que más que una muestra sea la experiencia de entrar a la casa abandonada, ver toda la vida que sucede ahí adentro", cuenta el curador.

Una escalera con cajas y restos de la construcción dirige a la sala principal de la galería, la que del otro lado de la vereda está tapiada y desde adentro surte el efecto de un tiempo detenido del que no es posible salir, mientras el espectador camina por un piso con polvo de arcilla rojiza iluminado por un pocas bombillas y luces de emergencia.

"La muestra es una paradoja -piensa Unrrein- porque la galería es la obra pero la galería está tapiada y el muro es un límite que pone una oposición. El espectador sabe que puede entrar porque sabe que hay una muestra o puede no hacerlo porque nunca se entera. Esto también interroga sobre el rol de los espacios de exposición que legitiman ciertas prácticas o no".

Sobre una pared se exhiben bocetos que podrían suponerse de la obra pero que son difíciles de comprobar, como un enorme agujero sobre el suelo. En ese sentido, explica el artista, "me interesa la relación entre producción y proyecto. Hace mucho tiempo se concibe en el campo contemporáneo al proyecto como obra".

Así como en la pared, en el piso, cubierto de desprendimientos de arcilla de los ladrillos, hay bolsas de arena y de cemento y unas cajas a modo de vitrinas que exhiben las herramientas y el material con el que se llevaron adelante los objetos y las piezas de la muestra, incluida la tapia sobre la vereda. 

"Es una inversión de todo porque yo construí el material de construcción pero la tapia no, la hizo un albañil que convoqué. El albañil que tapia un edificio no recibe ningún tipo de dirección de obra, más que el apuro y acá hubo todo un proceso de cómo encarar la tapia y con qué materiales", dice Unrrein.

Una tapia puede ser un encuentro violento, tal vez por el muro que irrumpe en bloque en la fisonomía urbana o porque se sabe que la tapia impide la ocupación porque allí no vive nadie. Cuando Unrrein consultó presupuestos de materiales, una pregunta habitual era si se los tenían que mandar en el mismo momento en el que echaran a la gente. "La tapia es chocante", dice Bengolea.

El recorrido de la instalación finaliza en el primer piso, un sector que tampoco es abierto al público, pero que ahora Unrrein también ocupó con una especie de objetos-maquetas realizados exquisitamente en madera blanca, y que reconstruyen algunas fachadas tapiadas en los cinco barrios que relevó, acompañados por las guías de la ciudad.

"Tapiar Buenos Aires" será inaugura mañana a las 19 y se puede visitar hasta el 29 de marzo con cita previa para coordinar recorridos a través de las redes y la página web acefalagaleria.com.

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