lunes 25 de septiembre de 2017 - Edición Nº709
ExtraData » ENTREVISTAS » 25 jul 2017

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Ludmila Pagliero: "Un gobierno tiene que saber qué hacer por la cultura del país"

La bailarina argentina, una de las siete estrellas de la Ópera de París, se presentará el viernes y sábado próximos en el porteño Teatro Coliseo.


Pagliero, oriunda de una familia "de clase media laburante" que accedió al Instituto del Teatro Colón y se fue a París, luego de probar suerte en Santiago de Chile y Nueva York, donde se coronó como una de las máximas exponentes de la disciplina a nivel mundial.

"Cuando me presenté (en el Colón) tenía muchas carencias y me encontré con compañeras y madres que conocían mucho el ambiente. Yo estaba perdida y mi mamá también. Iba simplemente a probar si era buena. Lo mío no era una obsesión, yo sólo quería bailar y expresarme", recordó la bailarina.

A 18 años de su partida de la Argentina, Pagliero bailará "La Sylphide", con coreografía de Auguste Bournoville y música de Hermann Lovenksjod, acompañada por el Ballet del Sur del ministerio bonaerense de Gestión Cultural que organiza junto a la Asociación Arte y Cultura las presentaciones.

Esta breve gira, la llevó a Bahía Blanca el fin de semana último y la trasladará a Chile para bailar en el Teatro del Lago, en la localidad sureña de El Frutillar, el 5 de agosto.
"Cada historia es diferente -indicó-. Hay algunas que desde chicas soñaron con ser bailarinas. Yo descubrí la danza primero y luego las maestras que tuve vieron un talento y una capacidad en mí, y me guiaron hasta el Instituto del Teatro Colón. Ahí descubrí y tomé consciencia de lo que significaba".

-¿Cuán importante es la educación formal en el ballet?

Ludmila Pagliero: Muy importante. Hay muchos bailarines contemporáneos que han seguido clases de clásica, pero que no han ido a una institución y bailan contemporáneo increíble, pero el ballet no se puede inventar. Al inverso, sí se puede hacer. 

- ¿En esa época bailo contemporáneo también?

LP: Sí, por suerte, en la Ópera hay muchas opciones de baile. El cuerpo de un bailarín clásico se adapta mejor a otras ramas de la danza. Es más difícil poner el cuerpo en punta que llevarlo al piso, por ejemplo.

- Alcanzó una situación de privilegio. Casi se puede decir que de máxima estatura. ¿Puede ser un techo en su carrera?

- LP: (Risas) Espero no tener barreras. Tengo proyectos de creación con coreógrafos por fuera de la Ópera de París, junto a amigos con los que me gustaría poder crear algo. También siento el placer de descubrir más cosas dentro del contemporáneo. En la danza se puede seguir aprendiendo y creciendo todo el tiempo.

-Habiéndose ido de muy chica del país, ¿mira de reojo lo que sucede en el ballet argentino?

LP: Sí, siempre, porque tengo amigos y conozco mucha gente. El Colón necesita tener más funciones, hace muy poco ballet al año y eso se repercute en el nivel. El ballet argentino sufrió bastante con el Teatro que estuvo cerrado. Hubo momentos difíciles para poder reconstruir una temporada para la compañía. El bailarín necesita un espacio de trabajo, no es como un músico que quizá en su casa se las arreglar. Te toma mucho poder ponerte en nivel, ese el gran problema. Acá se sufrió bastante y hay mucho para hacer. 

-¿Se produce poco?

LP: Se necesitan muchas horas y eso es lo que el bailarín quiere. Yo me aburriría si tuviera toda la tarde libre (risas). Hacer cuatro funciones para un trabajo de un mes y medio no es nada. Tu cuerpo responde a lo que pedís, una vez que lográs eso recién ahí podés dedicarte a las emociones y a ver qué te pasa.

-¿Por qué el ballet aparece como un arte hermético al gran público? ¿De quién es la responsabilidad?

LP: El ballet siempre fue elitista. Al Colón y a la Ópera de París iba la gente con plata, nada más. Esa idea perdura, aunque se la quiera olvidar. Un gobierno tiene que saber qué es lo que está haciendo para la cultura de un país y hay muchas formas de abrir el ballet y de dar acceso a las nuevas generaciones para descubrir el teatro y los diferentes trabajos que hay dentro. Los medios pueden ayudar, pero la danza en la televisión no es lo mismo que en un teatro. 

-¿En Francia es más popular el ballet?

LP: Para empezar, hay programas de televisión. Pero también es importante que por cada producción hay al menos una función a 10 euros para menores de 26 años, cuando la entrada al cine es de 12 euros. Eso es un paso. Además, se organizan visitas a sectores vulnerables para que conozcan el teatro por dentro, presenciar ensayos y conocer los distintos trabajos que se desarrollan.

-¿Evalúa en un futuro poder ayudar a la danza argentina?

LP: Sí, por supuesto, me encantaría. Ya poder venir a bailar y decir lo que pienso es un pequeño aporte. La danza hoy se abrió mucho en las grandes y pequeñas compañías del mundo. Eso ayuda mucho al artista porque hay gente que puede bailar clásico y un contemporáneo genial. 

-¿No cree en la ortodoxia de mantener únicamente la danza clásica dentro de los cuerpos de baile? 

LP: La apertura artística es muy positiva. En las compañías de hoy está todo unido porque hay que aportar cosas nuevas al público, no solo al bailarín. En ese sentido, y retomando la pregunta anterior, la idea de volver más adelante y tratar de hacer algo en Argentina me encantaría.

Fuente: télam

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